La admisión de la petición SEM-25-001 por la Comisión para la Cooperación Ambiental abre una ventana para que el Río Nazas reciba atención internacional, pero al mismo tiempo deja en evidencia que en Coahuila y Durango el seguimiento, el presupuesto y el calendario para restaurar su cauce siguen en el limbo, lo que preocupa a comunidades ribereñas, especialistas ambientales y gobiernos locales.
La organización ProDefensa del Nazas presentó argumentos de que la cuenca baja del río Nazas ha sido afectada por infraestructura hidráulica, la reducción del caudal natural, la desecación del lecho y la pérdida de vegetación riparia.
El Secretariado de la CCA determinó que la petición cumple con los requisitos del artículo 24.27 del T-MEC y solicitó al gobierno de México una respuesta formal.
El acuífero vinculado al río Nazas (Región Hidrológica 36) presenta tensiones hídricas documentadas: se percibe una condición de disponibilidad reducida, lo cual agrava la restitución ambiental.
Mientras los datos técnicos se acumulan, las comunidades en la Laguna y la Región Centro del estado exigen claridad: ¿Qué volumen de agua se liberará? ¿Cuándo? ¿Quién lo medirá? No sólo se trata de restituir un cauce, sino de regenerar un ecosistema y garantizar el derecho al agua.
Se exige que los gobiernos de Coahuila y Durango publiquen meta de caudal ecológico, responsables asignados, monto presupuestado, cronograma por tramo del río y cortes de avance trimestrales, para que los habitantes verifiquen que el agua no sólo se promete, sino que efectivamente fluye.
Un río que dejó de correr es también una comunidad que dejó de ver prosperar su entorno. La admisión internacional de la petición es un hito, pero sin transparencia y acción local sólo es un espejismo. ¿Exigiremos que el Nazas vuelva a correr, o seguiremos viendo la cuenca como un anuncio más que un cauce vivo?














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