En Torreón, solo 74 comerciantes temporales tendrán permiso para vender sobre la avenida Juárez durante la temporada guadalupana, bajo la mirada de inspectores municipales; al mismo tiempo, Saltillo presume 80 mercados ambulantes con su propio “Buen Fin” y en Gómez Palacio el comercio formal exige aplicar el reglamento contra la “invasión” de puestos en las aceras. El debate se vuelve estatal: ¿ordenan el ambulantaje o solo lo acomodan según la temporada y el municipio?
En Torreón, la temporada guadalupana tendrá un corredor bien contado: del 16 de noviembre al 12 de diciembre, la Dirección de Plazas y Mercados permitirá la instalación de 74 comerciantes temporales en la avenida Juárez, entre las calles Ramos Arizpe y Zaragoza, con retiro total el 13 de diciembre. El municipio promete vigilancia permanente para revisar que los puestos respeten el espacio asignado, mantengan higiene y no bloqueen el paso de las peregrinaciones ni de los peatones. El mensaje oficial es claro: se busca un entorno “ordenado, limpio y seguro” para la fe y el consumo.
Fuera del boletín, el paisaje es menos pulcro. Crónicas recientes del Centro de Torreón muestran a vendedoras y vendedores que sobreviven sobre las aceras sin registro formal ante Hacienda ni seguridad social; pagan un “derecho de piso” al municipio, pero no saben si al día siguiente los dejarán volver a instalarse. A esto se suma un grupo de ambulantes que, días antes del Buen Fin, acudió al ayuntamiento para pedir que los dejen vender al menos en fines de semana, luego de que se les retiraran permisos verbales. Para ellos, la temporada guadalupana no es solo tradición: es la diferencia entre sacar la semana o quedarse sin ingreso.
Si se mira hacia Saltillo, el operativo se cuenta distinto. Allá, una asociación civil integrada por comerciantes anunció que los 80 mercados ambulantes de la ciudad tendrán su propio “Buen Fin 2025”, invitando a la población a hacer sus compras prenavideñas en tianguis y sobre ruedas, con descuentos y dinámicas propias. Detrás de esa campaña, la administración municipal presume una Unidad de Comercio con trámites específicos para venta ambulante y un reglamento de mercados y uso de vía pública que define requisitos, pagos y obligaciones, al menos en papel.
La Comarca Lagunera tampoco se entiende solo con lo que pasa en Coahuila. Del lado de Gómez Palacio, comerciantes formales del Centro han levantado la voz para exigir que se aplique de una vez el reglamento de Plazas y Mercados contra la expansión de puestos informales frente a sus negocios, a los que acusan de competir con la misma mercancía sin las mismas cargas ni costos. Y si se amplía el zoom, diversos reglamentos municipales de comercio ambulante y de mercados en Coahuila (como los de Castaños y Zaragoza) reiteran la misma lógica: todo vendedor debe estar en un padrón, portar permiso vigente y se expone a decomisos si no cumple. La realidad en las calles, sin embargo, sigue llena de excepciones, permisos verbales, reubicaciones a medias y listas que pocos pueden ver.
Si Coahuila ya tiene reglamentos, unidades de comercio y operativos especiales por Buen Fin y temporada guadalupana, lo que falta es luz sobre el tablero: padrones públicos de comerciantes ambulantes por municipio, criterios claros para asignar espacios, mapas de reubicación y datos comparables sobre inspecciones, sanciones y apoyos. En el caso específico de la avenida Juárez, eso implica explicar por qué 74 sí y otros no, qué alternativas tienen quienes quedaron fuera (Centro Histórico, Antigua Harinera, mercados ya existentes) y cómo se decidirá el próximo año. Sin esa información abierta, cada corredor “ordenado” corre el riesgo de parecer más bien un ajuste discrecional de quién puede vender cerca de la fe y quién se queda mirando desde la banqueta.
La temporada guadalupana siempre ha mezclado devoción y economía popular: la gente camina a la iglesia, pero también compra tamales, café, veladoras, juguetes y cobijas en el camino. Lo que hoy está en juego en ciudades como Torreón, Saltillo o Gómez Palacio no es solo si habrá basura o caos, sino qué lugar ocupa el comercio ambulante en el modelo de ciudad que se está construyendo.
La pregunta que queda para Coahuila es incómoda pero necesaria: ¿queremos operativos que “pongan orden” solo unas semanas al año, o un sistema parejo donde los puestos de la calle tengan reglas, derechos y obligaciones tan visibles como cualquier local establecido del Centro?














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