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AHMSA se apaga, Coahuila tiembla; Cierre arrasa con empleos, identidad y paz social: exigen justicia y pagos

¿Qué le deja a Coahuila el cierre de AHMSA —columna vertebral de Monclova y símbolo del acero en México— se preguntan trabajadores, comercios, proveedores y autoridades que hoy enfrentan nóminas en el aire, contratos rotos y proyectos detenidos; tras años de huelgos, bloqueos, litigios y promesas incumplidas, la planta se apaga mientras crecen las exigencias de pago a exobreros, se activan subastas de activos, se ponen a prueba los compromisos de “cero impunidad” y vuelve a la escena el nombre de Alonso Ancira, cuya búsqueda de liquidaciones personales indigna a quienes todavía esperan lo más básico: que se cumpla la ley y se pague lo que se debe.

La noticia del cierre golpea mucho más que una razón social: derrumba una manera de vivir en Monclova y su región. En las colonias donde la sirena de turno marcaba horarios familiares, hoy predomina el silencio y el cálculo de la subsistencia. Para cientos de pequeñas y medianas empresas proveedoras, el freno significa romper cadenas de abasto, despedir personal y asumir deudas que creían temporales. Para los municipios del corredor industrial, se agrava la presión en servicios públicos, seguridad y empleo, con un consumo que se contrae y una recaudación que puede resentirlo todo.

El viacrucis que desemboca aquí no comenzó esta semana. Hubo avalúos entregados a juzgado, listas de pagos invalidadas por estar en pesos y no en UDIS, órdenes judiciales para transparentar padrones laborales, y un síndico de quiebra severamente cuestionado por su “cancha pareja” inclinada, según señalamientos, del lado equivocado. Entre tanto, exobreros bloquearon accesos, frenaron la salida de maquinaria —“no sale nada hasta que nos paguen”—, y rechazaron subastas que perciben como remates sin justicia previa. Cada paso “técnico” del proceso dejó un costo social que hoy llega a su cuenta final.

El nombre de Ancira nunca dejó la conversación. Mientras miles de familias esperaban liquidaciones o convenios, el expresidente de AHMSA buscó una de 305 millones de pesos para sí, reactivó temores de intentos de recomprar la acerera y siguió acumulando agravios en la narrativa obrera, que lo responsabiliza del colapso moral y financiero de la empresa. A la par, desde la arena política llegaron mensajes de alto nivel: “cero impunidad” y rechazo explícito a cualquier arreglo que deje a los trabajadores en la orilla. Esa promesa hoy se mide en hechos: investigación, recuperación de activos y pagos efectivos.

El terreno legal no se detuvo. Se presentaron bases para la subasta de activos; se entregaron avalúos de AHMSA y de Minosa; se denunciaron reuniones oficiales que nunca llegaron; y hasta variables externas —como la posible importación de varilla china— fueron señaladas como riesgos para cualquier intento serio de reactivación. Cada actor —federación, estado, juzgados, síndico, acreedores— tomó asiento en una mesa donde, con frecuencia, la silla de los trabajadores pareció la más frágil.

Hay lecciones que ya no admiten maquillaje. Primero: sin transparencia real del proceso de quiebra, cada decisión alimenta sospechas y deslegitima el desenlace. Segundo: sin recuperar valores y activos para resarcir a la base laboral, no habrá paz social ni narrativa de cierre. Tercero: sin una estrategia productiva que evite la fuga de talento, Monclova corre el riesgo de convertirse en un memorial industrial en lugar de un polo de reconversión. Y cuarto: cualquier intento de “borrón y cuenta nueva” que ignore responsabilidades pasadas volverá como búmeran político y judicial.

Lo confirmado es que AHMSA se apaga y la devastación ya se siente en la calle; lo que falta por confirmar es si el Estado de derecho alcanzará a quienes tomaron decisiones que hoy pesan sobre miles de familias. Próximos pasos: cronograma claro de subastas, reglas públicas para la dispersión de recursos, auditorías independientes de los pasivos, ruta de recolocación laboral y un mensaje inequívoco del Poder Judicial sobre responsabilidades. Solo con ese piso podrá hablarse de futuro sin que la palabra suene a burla.


Coahuila no necesita discursos huecos ni manos lavadas: necesita verdad, pagos y justicia. Si la ley alcanza a todos, Monclova podrá empezar a levantarse; si no, el cierre de AHMSA será algo peor que una quiebra: será la confirmación de que en esta tierra se puede fallar a los trabajadores y salir ileso.

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