Un ejemplar Husky se suma a la estadística de maltrato en Coahuila tras ser dejado a su suerte en una clínica de Torreón, evidenciando que los establecimientos de salud animal se han convertido en “puntos de descarte” para ciudadanos que buscan evitar responsabilidades legales y económicas.
Hasta el momento, la autoridad no ha acreditado responsabilidades; la información disponible es preliminar y proviene de reportes, denuncias y comunicados consultados.
Aunque la Ley de Protección y Trato Digno a los Animales en el estado contempla penas severas, la falta de una unidad especializada que rastree de manera efectiva a propietarios que dejan datos falsos en veterinarias permite que estos actos queden en la sombra administrativa. El patrón de maltrato hacia razas de alta demanda como la Husky sugiere una crisis de tenencia responsable que el estado no ha logrado mitigar con campañas de concientización o multas ejemplares.
La Fiscalía General del Estado debe actuar de oficio ante el reporte de abandono, utilizando las cámaras de seguridad del sector para identificar al responsable y aplicar la sanción correspondiente en un plazo no mayor a 30 días para evitar que el caso se pierda en el archivo muerto.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: es alarmante cómo la confianza de un prestador de servicios se paga con la vida de un ser sintiente que ahora depende de la caridad de una clínica. ¿Cuántos animales más terminarán amarrados a la puerta de un negocio antes de que el abandono se castigue con la misma fuerza con la que se presume la ley en los discursos oficiales?














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