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En la colonia se percibe la misma pregunta de siempre —con respeto y con inquietud—: ¿cuánto tiempo puede pasar sin que nadie note que alguien ya no responde? En Monclova, un adulto mayor fue localizado sin vida al interior de una vivienda en la colonia Independencia, tras una solicitud de apoyo médico; tenía una edad estimada de 78 a 80 años, y las autoridades activaron diligencias. En un estado donde el envejecimiento ya se siente en números (en 2020, 7.3% de la población en Coahuila tenía 65 años o más), el siguiente paso no puede ser solo “se atendió el reporte”: tiene que ser un protocolo medible de prevención, reacción y acompañamiento.

Cuando una vida puede estar en riesgo, el llamado es al 9-1-1, y lo que vuelve eficaz la respuesta es que la gente diga con precisión qué ocurre y dónde ocurre, sin rodeos ni demora. En casos de “no responde” o “permanece inconsciente”, cada minuto cuenta y la ruta debe ser directa.

De manera preliminar y según lo reportado, la causa del fallecimiento no se determina en el lugar: se siguen protocolos, intervienen autoridades competentes y la necropsia de ley es la que establece el dato técnico y descarta o confirma cualquier irregularidad; por eso, cualquier lectura adicional queda bajo investigación y debe tratarse con debido proceso.

Aquí es donde Coahuila necesita pasar de la reacción al sistema. El estado ya cuenta con líneas de trabajo para personas mayores desde el DIF Coahuila, con programas de atención integral y centros de atención que buscan promover salud, convivencia y apoyo a población en vulnerabilidad; el reto es conectarlos con un mecanismo práctico: identificar a quienes viven solos o con alta fragilidad, y sostener un “chequeo” periódico que evite que el primer aviso sea una tragedia.

Esperamos que en los próximos 30 días el DIF municipal (en coordinación con DIF Coahuila y salud estatal) arme un padrón operativo —no burocrático— de personas mayores en riesgo (vivir solos, movilidad limitada, sin red cercana) y arranque un esquema de llamada/visita programada; y que cada mes se publique un corte simple: cuántas personas están registradas, cuántos chequeos se hicieron, cuántas alertas se activaron y cuánto tardó la respuesta. Eso es lo mínimo para que la prevención sea real y no un discurso bonito.

Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: el estado ya tiene programas, pero si no se convierten en una red cotidiana de contacto, el aislamiento gana por cansancio. ¿cuántos hogares más tienen que “quedarse en silencio” para que el chequeo a tiempo sea política pública con números y responsables?

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