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Monclova

Monclova escuchó una cifra que suena a respiro: “alrededor de 4 mil nuevos empleos en 2026”, dijo el alcalde, apoyándose en expansiones de Dual, Yura y Doosung, además de “otros proyectos” que no puede detallar por confidencialidad. El problema es que lo verificable hoy suma alrededor de 2,380 plazas (200 + 880 + 1,300) y el resto depende de promesas futuras; mientras tanto, el hueco que dejó la crisis de AHMSA se ha estimado en 10 mil empleos (directos e indirectos), así que aun cumpliéndose la meta municipal, quedaría un faltante de ~6 mil. Aquí la exigencia es simple: calendario público, vacantes reales y una ruta federal de capacitación y vinculación para que esto no se quede en discurso.

Que Monclova atraiga industria no es poca cosa: Doosung anunció arranque con 200 empleos en su primera etapa; Dual Borgstena presume más de 880; y Yura habló de 1,300. Ese paquete, por sí solo, ya sería oxígeno para muchas casas. Pero incluso si todo camina sin tropiezos, la suma verificada no alcanza los “4 mil” y la diferencia se cubre con una palabra que en la calle pesa: confidencialidad. Cuando miles de familias viven con la herida abierta de AHMSA, la confidencialidad sin plazos se siente como nebulosa, no como plan.

El punto fino —y aquí la rendición de cuentas importa— es que el anuncio se presenta como “trabajo en equipo” de municipio y estado, pero sin detallar metas por trimestre, perfiles requeridos, ni mecanismos para que esas vacantes aterricen primero donde más duelen: en los hogares que cargan meses (o años) de incertidumbre. Si el gobierno estatal quiere colgarse la medalla, que la gane con evidencia: ¿cuántas vacantes estarán listas en el primer trimestre?, ¿cuántas en el segundo?, ¿en qué parques industriales?, ¿con qué salarios promedio?, ¿con qué transporte y qué guarderías? Ese es el tipo de trazabilidad que convierte una cifra bonita en empleo verdadero.

Y si de verdad se busca que esto sea algo más que un titular, el Gobierno Federal tiene una llave legítima para acelerar resultados: vinculación y capacitación vía herramientas nacionales de empleo (ferias, portal, intermediación) y acuerdos de formación con empresas para absorber mano de obra local. No se trata de “colgarse” del esfuerzo: se trata de que la Federación ponga método, piso parejo y seguimiento medible, porque el golpe de AHMSA no se cura con narrativas, se cura con nóminas.

En los próximos 30 días, el municipio y el estado deberían publicar un calendario 2026 con: nombre del proyecto (aunque sea por sector), fase, fecha estimada de arranque, número de vacantes por trimestre, perfiles y mecanismos de reclutamiento. Y en paralelo, que la STPS/SNE (vía coordinación) instale una mesa de vinculación con objetivo público: “X colocaciones mensuales” en Región Centro, con corte y reporte verificable. Si no hay ese mínimo, los “4 mil” quedan como expectativa, no como compromiso.

Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: Monclova no necesita más cifras redondas, necesita certeza. Porque cuando la cena de fin de año se estira con lo que hay, la palabra “podría” no compra útiles, no paga luz, no calma la ansiedad; solo una fecha y una vacante real lo hacen. El reto no es presumir “4 mil” en una nota: el reto es probarlos. Y si la crisis de AHMSA dejó un vacío que todavía se siente en la calle, entonces cada gobierno debe mostrar su parte del trabajo con transparencia quirúrgica: ¿quién pone el empleo, quién pone la capacitación, quién pone el seguimiento… y quién solo pone el discurso?

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