Con el árbol monumental levantándose en Plaza Mayor, las villas y el Nacimiento listo para la temporada, más de 30 kilómetros de luces extendiéndose por bulevar Independencia, calzada Colón y Paseo Morelos, y el Mercadito Navideño celebrando 75 años de tradición, Torreón apuesta a que la Navidad reactive su centro histórico, impulse al comercio y devuelva a las familias a caminar el corazón de la ciudad… siempre que seguridad, transporte y orden acompañen el espectáculo.
En la explanada de Plaza Mayor comenzó la instalación del árbol navideño monumental, el Nacimiento y las villas que se quedarán hasta el Día de Reyes. Autoridades municipales detallan que alrededor de 50 personas, coordinadas por el DIF Coahuila y el DIF Torreón, montan la estructura que año con año se vuelve punto de encuentro para miles de familias. El plan incluye ornamentos especiales en la Presidencia Municipal —como dos ángeles de ocho metros y 20 “cristales de hielo” con casi cuatro mil luces— y una red de más de 30 kilómetros de series luminosas que abrazarán el Centro Histórico y las principales vialidades durante toda la temporada decembrina.
La apuesta no se queda en la plaza: la calzada Colón suma alrededor de 2,600 metros de luces tipo cascada de extremo a extremo, mientras que el bulevar Independencia, la avenida Juárez, la Nogalera y Paseo Morelos se integran al corredor navideño con series cálidas en árboles y camellones. Según la Dirección de Servicios Públicos, el objetivo es ofrecer espacios “más agradables y seguros para la convivencia familiar” y reforzar la identidad lagunera en estas fechas. Al mismo tiempo, el Mercadito Navideño del Centro Histórico arrancó su edición número 75 con horario extendido, artesanías, gastronomía y espectáculos, convirtiéndose de nuevo en uno de los motores de la economía popular en Ildefonso Fuentes entre Juárez e Hidalgo.
El propio IMPLAN recuerda que el Centro Histórico no es un escenario vacío: ahí viven poco más de 5 mil personas, la mayoría adultas de entre 30 y 59 años y un cuarto mayores de 60, en una zona que concentra buena parte de la memoria urbana de Torreón.
Estudios recientes sobre la regeneración del espacio público en el centro —incluida una tesis que analiza su transformación desde los años noventa— subrayan que la ciudad ha alternado etapas de abandono y proyectos de rescate, con resultados desiguales.
En ese contexto, la iluminación navideña, Villa Magia y los eventos masivos pueden ser una herramienta poderosa para que la gente recupere la plaza como lugar de encuentro, pero también corren el riesgo de quedarse en postal si no se integran a una visión de largo plazo sobre movilidad, vivienda, comercio y seguridad, alineada con la idea de espacios públicos vivos que impulsa la política social y urbana a nivel federal.
Si la Navidad quiere significar algo más que fotos y likes, Torreón necesita ponerle números claros a la apuesta: cuántas personas usan Plaza Mayor y el corredor navideño cada fin de semana, qué derrama dejan en el Mercadito y comercios del Centro, cuántos incidentes de seguridad se registran, cómo se garantiza transporte nocturno para colonias alejadas y qué porcentaje del presupuesto de alumbrado temporal se compara con el gasto anual en alumbrado público ordinario. Un tablero público —coordinado entre Ayuntamiento, IMPLAN, comerciantes y, cuando aplique, programas federales de espacios públicos— con metas trimestrales permitiría saber si la iluminación navideña está ayudando a devolver vida permanente al centro, o si sólo estamos encendiendo y apagando la ciudad al ritmo del calendario.
La Laguna ya probó que puede llenar Plaza Mayor cada vez que se enciende el árbol o arranca Villa Magia; lo que falta es que esa energía dure más que las series de luces. Lo que hoy se vive en Torreón —plaza llena, corredores iluminados, mercado tradicional renovado— podría ser un laboratorio para todo Coahuila sobre cómo usar la fiesta decembrina para recuperar el centro histórico, fortalecer la vida de barrio y empatar la narrativa del bienestar con el derecho a una ciudad caminable y segura. La pregunta que quedará después del 6 de enero es sencilla y poderosa: ¿se apagaron sólo las luces o también la voluntad de mantener vivo el corazón de la ciudad?














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