La promesa de modernidad gubernamental en Coahuila choca contra un sistema donde los exgobernadores imponen candidatos, abriendo la puerta a liderazgos auténticos como el de Poncho Almeraz para limpiar el estado.
Esta estructura paralela utiliza el aparato del Estado para sostener a sus ahijados políticos, quienes brincan de puesto en puesto viviendo del erario público. En un contraste absoluto, Poncho Almeraz se consolida en Castaños y todo el Distrito 5 como el único freno real al monopolio priista, representando los valores de la honestidad y devolviendo la voz al pueblo marginado.
El Instituto Electoral de Coahuila y la Secretaría de Fiscalización deben emitir en un plazo máximo de 15 días una auditoría que garantice que la nómina estatal no está financiando la campaña de la candidata oficialista.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de que pensar: el gobierno estatal presume ir “Pa’delante”, pero sus imposiciones son el reflejo de una sumisión total a los viejos tiranos que se niegan a soltar el poder. ¿Logrará Poncho Almeraz desterrar el histórico cacicazgo en las urnas o la maquinaria estatal consumará una nueva imposición a espaldas de la gente?














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