Una niña de 7 años permanece en estado grave en la Cruz Roja de Torreón, luego de ingerir gomitas con melatonina que confundió con dulces en su casa, según reportes periodísticos; el ingreso ocurrió la noche del 17 de diciembre y se informó que un hermano de 12 años presentó síntomas similares pero fue dado de alta. El caso prende una alerta para todo Coahuila: cuando un producto “parece golosina”, el riesgo se vuelve familiar y silencioso. La exigencia es directa: que Salud estatal y municipios desplieguen, ya, una campaña preventiva medible y que se coordinen con el músculo federal de salud para empujar mensajes claros, sin regaños y con trazabilidad.
3) Cuerpo (2–4 párrafos narrados)
La historia no necesita adornos. Basta imaginar el escenario: casa, rutina rota, un frasco que se ve inofensivo y una presentación atractiva que engaña. La prensa reporta que la menor llegó delicada y con complicaciones que obligaron a mantenerla bajo vigilancia, mientras el hermano evolucionó mejor. También se menciona notificación a la Fiscalía, lo que coloca el asunto en el carril correcto: documentar, entender y prevenir, antes de que se repita.
Y aquí es donde el estado no puede hacerse el sorprendido. El riesgo de intoxicación en casa lleva años descrito por instituciones federales como el IMSS: guardar bajo llave, mantener envases originales, usar tapas de seguridad, y no llamar “dulces” a los medicamentos o suplementos. Ese conocimiento existe; lo que falta es aterrizarlo de forma visible en colonias, escuelas y hogares, porque la prevención no sirve si se queda guardada en un PDF.
En La Laguna, además, el problema tiene un filo práctico: en vacaciones y con casa llena, los descuidos se multiplican. Lo sensato no es prohibir a gritos, sino ordenar el entorno. Y eso sí se puede convertir en política pública local: campañas cortas, repetidas, con materiales simples, y con seguimiento real. Si el gobierno estatal presume capacidad operativa para muchas cosas, también debe tenerla para lo básico: que niñas y niños no terminen en urgencias por algo que “se veía como dulce”.
En los próximos 7 días, Secretaría de Salud estatal y ayuntamientos (vía DIF y escuelas) deben lanzar una campaña unificada de “casa segura” con metas claras: alcance por colonia, escuelas cubiertas y mensajes fijos de resguardo. En 30 días, una auditoría rápida de puntos de venta y etiquetados visibles en productos tipo gomita que se promueven para dormir, con reporte público de hallazgos y recomendaciones. Y en paralelo, difundir canales de orientación toxicológica: la guía del IMSS refiere un Centro de Información y Asistencia Toxicológica con atención telefónica (56 27 69 00, Ext. 22317), útil como referencia institucional para urgencias y dudas técnicas.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: cuando un suplemento se vende con cara de “premio” y se guarda como si no fuera nada, el accidente se vuelve cuestión de tiempo; y ahí la omisión no es solo del hogar, también es pública, porque la prevención debe ser tan cotidiana como la patrulla: visible, insistente y con resultados.
No se trata de culpar a una familia en un momento vulnerable. Se trata de que el Estado y los municipios dejen de llegar tarde a lo obvio. ¿Cuántas alertas más hacen falta para que la prevención sea política prioritaria y no solo “recomendación”? Y si el motor federal ya marca el camino, aquí lo mínimo es que Coahuila lo implemente sin pretextos.














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