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Monclova

En Monclova, extrabajadores regresaron a la Planta Siderúrgica Uno para exigir salarios, finiquitos y ahorros que denuncian impagos. Dicen que ya son tres años sin ingresos estables y que más de 10 mil familias arrastran una Navidad sin tranquilidad: sin aguinaldo, con deudas, y con la salud emocional al límite.

Lo más duro es que el golpe ya no es solo económico: es mental. En la protesta hablaron de depresión y ansiedad; lo describen como una preocupación que se te queda en la cabeza y regresa con cada noticia del proceso. Una frase lo resume todo: “esto te quema por dentro”.

También soltaron un dato que duele por lo que implica: denunciaron que, a tres años del cierre, al menos 70 trabajadores han fallecido por distintas enfermedades, muchas asociadas al estrés y al abandono laboral. Y en la calle lo dijeron sin rodeos: “esto nos está matando poco a poco”.

El contraste que enciende el coraje está en los recibos. Aunque no hay producción, la empresa sigue pagando lo mínimo para sostener vigilancia y administración: el síndico reportó que el 10 de diciembre se liquidaron dos recibos de luz, uno por 67,926 pesos y otro por 2,216 pesos, según el informe presentado ante el juez del concurso mercantil. Hay electricidad para mantener oficinas, pero no hay fecha clara para pagarle a la gente.

Y a esta Navidad pesada se sumó el luto: se confirmó el fallecimiento repentino de un trabajador de la Planta 2, en vísperas decembrinas, en un momento que el propio reporte describe como “difícil” para la base obrera.

El reclamo central apunta hacia arriba: “ya no estamos pidiendo, estamos exigiendo que el Gobierno Federal voltee a vernos”, dijeron. Pero aquí, en lo local, queda la pregunta incómoda (y legítima): ¿dónde está el plan de emergencia del Estado y del Municipio? Porque cuando no hay un camino visible, la gente siente la misma palabra que nadie quiere oír en diciembre: abandono.

Monclova no está pidiendo un favor: está pidiendo prelación (que lo primero sea lo humano) y un calendario. La Federación puede destrabar lo grande; pero el Estado y el Municipio no pueden limitarse a “acompañar” con discurso. Si de verdad les duele la región, que lo prueben con ventanilla, apoyo tangible y gestión diaria. Porque en Navidad, la “calma” sin plan suena a silencio. La exigencia es sencilla: justicia con fecha, no promesas sin reloj.

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