En la colonia Santa Bárbara de Monclova, un hombre de 46 años fue encontrado gravemente herido dentro de su casa tras un tercer intento de quitarse la vida; su esposa pidió ayuda al 911, paramédicos de la Cruz Roja lo estabilizaron y lo llevaron al Hospital Amparo Pape, mientras las autoridades ligan el caso a un cuadro severo de depresión en un estado que ya figura entre los diez primeros del país en suicidios, con más de 330 muertes en 2024 y una tasa de 8.7 por cada 100 mil habitantes, por encima del promedio nacional, a pesar de que en la Región Centro se han puesto en marcha jornadas como “Dale Color a tu Vida” y de que existe la Línea de la Vida 800 911 2000, disponible en todo México para dar apoyo emocional las 24 horas.
En Santa Bárbara, los vecinos vieron llegar patrullas y ambulancias una tarde de noviembre y supieron que algo grave pasaba en la cuadra. Dentro de la vivienda, la escena era la de una emergencia al límite: un hombre lesionado de forma severa, una familia en shock, personal de la Cruz Roja trabajando a contrarreloj para estabilizarlo y moverlo al Amparo Pape. Los reportes oficiales hablan de un tercer intento de suicidio en la misma persona, con antecedentes de depresión profunda y episodios previos que ya habían encendido focos rojos en el entorno inmediato. Esta vez, la reacción rápida de la esposa y de los servicios de emergencia marcó la diferencia entre la vida y la muerte, al menos por ahora.
Lo que ocurre en esa casa de Monclova se inserta en una foto mucho más amplia. De acuerdo con las estadísticas más recientes del Inegi, en 2024 se registraron alrededor de nueve mil suicidios en México, con una tasa nacional de 6.9 por cada 100 mil habitantes y un patrón que golpea sobre todo a hombres y a personas jóvenes de entre 15 y 34 años.
En ese mapa, Coahuila aparece en el top 10 nacional, con una tasa estandarizada de 8.7 suicidios por cada 100 mil habitantes y más de 330 muertes autoinfligidas en un solo año, lo que lo coloca por encima de la media del país y confirma que el problema de salud mental aquí no es un asunto aislado ni pasajero: es una tendencia que se sostiene y que ya fue marcada en rojo por el propio Inegi.
Monclova y la Región Centro no son ajenas a esa estadística. En los últimos años, medios locales han documentado una cadena de casos que van desde suicidios consumados hasta intentos reiterados como el de Santa Bárbara, al tiempo que el municipio trata de mover la conversación del escándalo a la prevención. En septiembre, en el marco del Día Internacional para la Prevención del Suicidio, el alcalde Carlos Villarreal lanzó las jornadas “Dale Color a tu Vida”, una estrategia que busca hablar en serio de salud mental con adolescentes y jóvenes a través de talleres de manejo de emociones, charlas de prevención del suicidio y del consumo de sustancias, espacios de escucha activa y actividades culturales con enfoque emocional, en coordinación con autoridades de salud y educación y con el respaldo del gobierno estatal.
Desde el gobierno federal, la línea también es clara: la Línea de la Vida 800 911 2000, operada por el Gobierno de México a través de los servicios de salud mental y adicciones, se mantiene como un canal gratuito y nacional de orientación psicológica, disponible todos los días, a toda hora, para cualquier persona que viva una crisis emocional, consuma sustancias o acompañe a alguien en riesgo.
El problema es que muchas veces estos recursos se quedan en el pie de nota o en el último párrafo de los comunicados, mientras las historias como la de Santa Bárbara llegan a la conversación pública solo cuando ya hay sangre, patrullas y ambulancias en la puerta.
Si se toma en serio lo que dicen los datos y lo que muestran los pasillos de los hospitales, el siguiente paso para Coahuila no pasa solo por inaugurar jornadas simbólicas o emitir mensajes de “no estás solo”. Hace falta construir un sistema de seguimiento que identifique a las personas con intentos previos, que conecte a las familias con servicios de psiquiatría y psicología de forma oportuna, que vincule a escuelas, centros de trabajo y organizaciones civiles con protocolos claros de detección y canalización, y que publique informes periódicos donde se vea cuántas atenciones se dieron, cuántas se mantuvieron en tratamiento y cuántas vidas se salvaron. En esa agenda, los municipios, el gobierno estatal y la Federación pueden jugar del mismo lado: con datos abiertos, metas medibles y recursos que no se queden solo en conferencias de prensa.
Detrás de cada número hay historias como la de este hombre de 46 años, su esposa marcando al 911 con la voz quebrada, su colonia viendo de lejos las luces de emergencia y preguntándose qué pasó ahora, sus médicos tratando no solo las heridas físicas sino un dolor que viene de mucho antes. Si Monclova y la Región Centro quieren que “Dale Color a tu Vida” sea más que un lema, el compromiso tendría que verse en consultorios, en escuelas, en centros comunitarios y en reportes públicos donde la salud mental tenga el mismo peso que la seguridad, la obra pública o el desarrollo económico.
Este tercer intento en la misma casa no es solo un dato más en la nota roja; es un espejo incómodo de lo que pasa cuando la depresión se atiende tarde, a medias o solo en los momentos de crisis. Coahuila ya está en la franja roja de las estadísticas nacionales: la pregunta es si vamos a normalizar que las ambulancias lleguen una y otra vez a las mismas colonias o si vamos a usar historias como esta para exigir, y también para construir, una red real de cuidado y acompañamiento emocional que no deje a nadie solo en el peor día de su vida.














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