La marcha nacional de la llamada Generación Z México llegó a Coahuila con contingentes en Torreón y Monclova que, más que rostro juvenil, mostraron mayoritariamente caras adultas, consignas contra la presidenta y críticas a la 4T. Mientras en redes se documentan millones de interacciones impulsadas por bots y campañas pagadas, el gobierno federal insiste en que la protesta fue inorgánica y politizada, al tiempo que defiende la movilización pacífica frente a los episodios de violencia registrados en la Ciudad de México.
En Torreón, más de 500 personas arrancaron la marcha desde la Alameda Zaragoza hasta superar el millar en la Plaza Mayor, vestidas de blanco y con sombrero en alusión a Carlos Manzo, exalcalde de Uruapan asesinado recientemente. En el trayecto se escucharon consignas como “¡Fuera Sheinbaum!” y llamados a la revocación de mandato, mientras las voces que encabezaban el contingente eran, casi en su totalidad, de personas adultas, no de la generación nacida a finales de los noventa y principios de los dos mil a la que alude el nombre del movimiento.
En Monclova, la escena fue similar: ciudadanos vestidos de blanco se concentraron en la Plaza Magisterio para exigir justicia por el asesinato de Manzo y “mayor seguridad”, pero con consignas como “¡Fuera Morena!” y acusaciones directas al gobierno federal. Una manifestante afirmó que el exalcalde pidió protección a la presidenta y le fue negada, declaración que forma parte del clima de desconfianza y enojo, pero que hasta ahora no ha sido respaldada por documentos oficiales.
Mientras tanto, desde la Ciudad de México, la presidencia ha dibujado otra cara de la movilización. Claudia Sheinbaum subrayó que la marcha del 15 de noviembre estuvo integrada “en gran mayoría” por personas adultas y por rostros vinculados a la marea rosa y a la oposición, no por jóvenes de la generación Z, y mostró videos de agresiones contra policías para argumentar que un grupo violento buscó la confrontación directa. La mandataria, además, ha insistido en la defensa de la protesta pacífica y en que no existe “divorcio” entre pueblo y gobierno a pesar de las provocaciones.
En paralelo, Infodemia y el propio gobierno federal vinculan la convocatoria a una campaña internacional de desinformación estimada en más de 90 millones de pesos, con participación de bots, influencers y organizaciones de derecha. Un análisis de datos difundido por Multimedios/Milenio calcula que, de 17.5 millones de interacciones sobre la marcha, alrededor de 8 millones provienen de cuentas automatizadas o bots ligados a actores opositores y privados. Es decir: buena parte del ruido que presentó la marcha como un levantamiento juvenil habría sido amplificado artificialmente, mientras encuestas y análisis señalan que la mayoría de jóvenes sigue respaldando los programas sociales y la ruta de la transformación.
En Coahuila, la combinación es evidente: marchas con reclamos legítimos de seguridad, sí, pero encabezadas en su mayoría por adultos, cargadas de consignas contra la 4T y respaldadas en redes por una maquinaria digital que el propio gobierno exhibe como inorgánica y cara. Al mismo tiempo, voces juveniles laguneras expresan su escepticismo: dudan que estas movilizaciones, tan atravesadas por partidos y campañas, sean el canal más efectivo para reducir la violencia que les preocupa en la calle, en la escuela y en el transporte.
Si de verdad la discusión es la seguridad y el futuro de las y los jóvenes, Coahuila tiene una salida mucho más útil que dejarse arrastrar por marchas etiquetadas desde campañas digitales: mesas públicas de trabajo con calendario, metas medibles por región y participación real de estudiantes, madres, trabajadores y organizaciones ciudadanas. Y en paralelo, transparencia total sobre quién paga, diseña y ejecuta campañas con bots para apropiarse del lenguaje juvenil y convertirlo en herramienta electoral.
Coahuila no tiene por qué repetir el guion de la polarización nacional: marchas convocadas por redes inorgánicas, adultos disfrazados de juventud y violencia dirigida a la policía mientras se invoca la paz. La verdadera pregunta para el estado no es si se grita más fuerte “¡Fuera Sheinbaum!”, sino si se va a escuchar a las y los jóvenes reales y a sus demandas de seguridad, oportunidades y participación sin intermediarios.














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