Las ciudades de Saltillo y Torreón encabezan la apuesta de Coahuila para beneficiarse del Mundial 2026: Saltillo firmó convenio para recibir hasta 400 mil visitantes y una derrama estimada en 800 millones de pesos, mientras Torreón se perfila como sede de entrenamiento de selecciones como Portugal y Países Bajos. Sin embargo, no se han transparentado los montos oficiales, responsables ni plazos para que esa ola mundialista se traduzca en beneficio real para la ciudadanía.
En Saltillo, el ayuntamiento suscribió un convenio con el comité organizador del Mundial 2026, con la expectativa de atraer entre 350 mil y 400 mil visitantes y generar una derrama económica de alrededor de 800 millones de pesos.
Mientras tanto, en Torreón el complejo deportivo Territorio Santos Modelo ya fue inspeccionado por la FIFA para recibir a selecciones de élite, lo que abre la puerta a una visibilidad internacional para la región Laguna.
Aun así, aparecen tres puntos críticos:
1ro No se publican aún los montos exactos de inversión municipales o estatales destinados a infraestructura, hospedaje y servicios.
2do No hay un cronograma público que detalle cuándo se invertirán o ejecutarán esas obras ni qué impacto tendrán en empleos locales.
3ro Tampoco se difunde un tablero de rendición de cuentas con metas, responsables y cortes físico-financieros para que la ciudadanía evalúe si los recursos llegan a la calle y no sólo al titular.
Los especialistas advierten que un torneo de este tamaño requiere no solo infraestructura, sino innovación en turismo, movilidad, servicios y transparencia. Coahuila tiene la oportunidad, pero también el riesgo de gestionar mal el “momento mundialista”.
Los ciudadanos coahuilenses demandan que el gobierno estatal y los municipios de Saltillo y Torreón publiquen a la brevedad los siguientes elementos: el monto total autorizado, el responsable del proyecto en cada municipio, el cronograma de ejecución y un corte intermedio que muestre cuántos visitantes efectivamente se han logrado captar, cuántos empleos se han generado y cuántos millones de pesos ya se tradujeron en derrama. Solo así la promesa mundialista se volverá un beneficio tangible, no un titular de evento.
Organizar un Mundial es una ventana de oportunidad extraordinaria, pero también un espejo: lo que mostramos al mundo es lo que somos. Si la infraestructura brilla, pero la transparencia no existe, la imagen queda manchada y el beneficio, limitado. ¿Exigiremos que Coahuila no solo sea sede o subsede, sino también referente de gestión, rendición y legado?














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