Más de 500 reportes de vehículos abandonados atendidos en Torreón y alrededor de 200 unidades retiradas en Saltillo confirman que los autos “fantasma” dejaron de ser un ruido de fondo y se volvieron un tema de movilidad, seguridad y salud pública.
Mientras vecinas, choferes y comerciantes agradecen que por fin se muevan los cascarones que estorbaban frente a sus casas y negocios, la pregunta se abre a todo Coahuila: ¿qué municipios están limpiando sus calles… y cuáles siguen volteando hacia otro lado?
En Torreón, la Dirección de Inspección y Verificación reporta 531 denuncias de vehículos en estado de abandono y 111 casos de escombro en lo que va de 2025, la mayoría ya resueltos mediante retiro o regularización del propietario.
El programa se apoya en reportes vecinales al 073, en un número de WhatsApp y en redes oficiales, y opera con una regla clara: si un coche permanece más de 36 horas sin movimiento en la vía pública, puede ser considerado abandono y sancionarse con multa de hasta cinco salarios mínimos, además de envío al corralón.
Saltillo vive una escena similar con el Operativo Trueno 2025, a cargo de la Dirección de Tránsito y la Comisión de Seguridad y Protección Ciudadana. En lo que va del año se han identificado y retirado alrededor de 200 vehículos en aparente abandono, empujados a depósitos municipales para liberar banquetas y carriles.
Ahí los reportes llegan por la app Saltillo Seguro, por el 911, por líneas telefónicas del municipio y por los grupos de seguridad vecinal en WhatsApp, una red que se ha vuelto pieza clave para que los vecinos marquen los “yonkes” que llevan años estorbando frente a su casa.
En La Laguna, la limpieza de banquetas y la retirada de chatarra no es nueva: desde 2024 se documentan operativos permanentes para quitar autos, remolques y montones de escombro que obstruyen la vía pública, en coordinación con programas como “Mi Banqueta Limpia”.
Al mismo tiempo, bancos y aseguradoras promueven esquemas de chatarrización a nivel nacional para sacar de circulación unidades que ya no serán reparadas, señalando que esos cascos oxidados pueden convertirse en puntos de riesgo para delitos y violencia, no solo en estorbo visual.
Si Torreón presume más de 500 reportes atendidos y Saltillo habla de cientos de autos retirados, lo lógico en un estado que aspira a orden y seguridad sería contar con un tablero estatal donde cada municipio publique cuántos vehículos abandonados detecta, cuántos retira, cuánto recauda en multas y en qué se aplican esos recursos.
Más allá de los anuncios aislados, Coahuila necesita metas verificables por región, reglas homologadas (tiempos, sanciones, destino final de la chatarra) y cortes trimestrales abiertos a la ciudadanía; sin eso, retirar cascarones seguirá pareciendo operativo de momento, no política pública seria.
Limpiar las calles de autos fantasma es una buena noticia para cualquier colonia: se gana visibilidad, espacio y un poco de tranquilidad en la cuadra. Pero mientras sólo algunos ayuntamientos publican sus números y otros apenas asoman campañas, el problema corre el riesgo de mudarse de un municipio a otro.
La pregunta queda para todo Coahuila: ¿queremos ciudades donde los cascarones desaparezcan a golpe de grúa, o un estado que mida, transparente y planee la recuperación de sus espacios públicos como una política de largo plazo?














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