Forbes colocó a Claudia Sheinbaum como la quinta mujer más poderosa del mundo en su lista 2025, un reconocimiento que no se reparte por simpatía: se define con métricas de dinero, presencia mediática, impacto y esferas de influencia. Para Coahuila, ese galardón también es mensaje-país: cuando México sube en la vitrina global, sube la exigencia de certeza, inversión y resultados en los estados industriales.
Forbes la ubica dentro del grupo que marca agenda global y remarca el contexto de reacomodo económico en Norteamérica: el nearshoring y la disputa por cadenas de suministro ponen a México en un tablero donde cada decisión pesa más. No es un “trofeo de portada”; es una señal de que el país está siendo medido con lupa.
Y ahí entra Coahuila, sin discursos grandotes: si el mundo está mirando a México como pieza clave de manufactura y comercio regional, aquí el reto se vuelve concreto—parques industriales que funcionen, rutas seguras, trámites que no se atoren y una coordinación que se note en el día a día. Ese es el tipo de “poder” que conviene: el que abre puertas y trae oportunidades reales, no el que solo hace ruido.
Agenda colaborativa (cierre del cuerpo)
Para que el galardón se convierta en resultados, la ruta es simple y elegante: tablero público de proyectos y empleos (prometidos vs. cumplidos), tiempos de trámites, capacidad energética/agua por zona industrial y seguridad logística. Si México está en el reflector, Coahuila puede—y debe—aparecer como ejemplo de orden y ejecución.
Reflexión editorial
Hay reconocimientos que adornan… y otros que comprometen. Este, bien jugado, es de los segundos. La pregunta ciudadana es clara: ¿vamos a convertir el reflector en inversión, empleo y certeza, o lo vamos a dejar en aplauso?














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