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Rancho El Fortín, en San Buenaventura, que hace unos meses celebraba una medalla de oro internacional por su vino Ensamblaje 2021, hoy aparece en redes pidiendo ayuda para identificar a una camioneta que pasó seis horas dentro de la propiedad sin autorización, reabriendo la pregunta de qué tan protegidos están realmente los ranchos y viñedos de la Región Centro frente a intrusiones y delitos en el campo.

La familia Ramón difundió un video donde se observa a una camioneta ingresar al Rancho El Fortín alrededor de las 23:00 horas y salir cerca de las 05:00 del día siguiente, recorriendo los caminos internos con lámparas encendidas durante toda la madrugada. No se reportan daños ni personas lesionadas, pero el mensaje es claro: se trata de un ingreso no autorizado a una propiedad privada de alto valor ganadero y vitivinícola, que ahora depende de la colaboración ciudadana para identificar al responsable.

El caso no ocurre en cualquier terreno: Rancho El Fortín es un nombre conocido en Coahuila. Fundado originalmente en 1929 y adquirido en 1988 por Jesús María Ramón Valdés, “Chuy María”, se consolidó como referente en ganadería de élite, crianza de caballos y, desde 2008, producción de vino a través de Vinícola El Fortín. Su Ensamblaje 2021 obtuvo medalla de oro en el Concurso Mundial de Bruselas y la marca presume un historial de premios en certámenes nacionales e internacionales; es decir, un escaparate de lo que Coahuila quiere mostrar al mundo.

En paralelo, las autoridades estatales han anunciado en los últimos meses un “blindaje” de la Región Centro ante el robo de ganado y delitos en comunidades rurales: entrega de cámaras de videovigilancia de alta tecnología, operativos permanentes coordinados entre la Secretaría de Seguridad Pública, el C4 y la Fiscalía General del Estado, así como reuniones con asociaciones ganaderas de San Buenaventura y Monclova para fortalecer la reacción ante el abigeato. Ganaderos han reconocido estos esfuerzos, pero también han documentado casos recientes de robo y la necesidad de que la vigilancia se traduzca en resultados visibles, no sólo en fotos de entregas de equipo.

El episodio de El Fortín se suma a un panorama más amplio: a nivel nacional, encuestas recientes sobre violencia en la agricultura muestran que alrededor del 16 % de los productores ha enfrentado problemas de inseguridad o delincuencia para trabajar sus tierras, afectando no sólo su patrimonio sino la continuidad de la producción de alimentos. En el campo, el delito no siempre llega en forma de grandes golpes mediáticos; también se manifiesta como intrusiones nocturnas, robo hormiga, daños a cercos y miedo constante a lo que pueda ocurrir en la próxima temporada.

Si la estrategia de seguridad rural quiere ir más allá de los discursos, casos como el de Rancho El Fortín deberían detonar algo más que un llamado en redes. Haría falta un tablero público por municipio que muestre cuántos ranchos cuentan con apoyo efectivo de vigilancia, qué tan rápido responden las corporaciones ante reportes nocturnos, cuántos casos de allanamiento y robo se denuncian y cuántos se resuelven. Para ganaderos y viñedos de la Región Centro, tener metas claras, cortes trimestrales y responsables con nombre y cargo sería mucho más tranquilizador que una cámara aislada o un comunicado optimista.

Coahuila se ha ganado un lugar en el mapa del vino y la ganadería de alto nivel, pero episodios como el de El Fortín recuerdan que el prestigio no sustituye a la protección. Si un rancho emblemático puede amanecer con un intruso recorriendo sus brechas durante horas, ¿qué queda para los ranchos más pequeños que no salen en los titulares? La pregunta que flota es incómoda y necesaria: ¿la seguridad rural está a la altura del orgullo que el estado presume en sus viñedos y en su campo?

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