Shopping cart

Coahuila 360 Sitio web de noticias y medios de comunicación

Torreon

El fallecimiento de una maestra de 61 años dentro de su salón en la ESCOFIS de Torreón conmocionó a la Laguna y encendió una pregunta de alcance estatal: más allá de la atención inmediata que se brindó, ¿qué tan preparados están los planteles de Coahuila —públicos y privados— para responder a emergencias médicas súbitas y acompañar emocionalmente a sus comunidades escolares?

La mañana del jueves, la rutina se rompió en la Preparatoria y Secundaria ESCOFIS, en la zona Centro de Torreón. De acuerdo con los reportes, la profesora Rosalba Espino Madrigal, de 61 años, se desvaneció mientras impartía clase; personal del plantel llamó al 911 y paramédicos de la Cruz Roja acudieron para intentar reanimarla, pero sólo pudieron confirmar el fallecimiento. La Fiscalía regional abrió carpeta y, de forma preliminar, se habla de un posible infarto asociado a un padecimiento crónico, sin indicios de violencia. Afuera de la escuela, exalumnos y familias comenzaron a despedirla en redes como una maestra exigente pero formadora, “que nos preparó para la vida”.

El caso ocurre en un sistema educativo que, al menos en el papel, sí cuenta con protocolos. La Secretaría de Educación de Coahuila tiene publicado un Protocolo de Actuación para la Prevención, Atención y Seguimiento de Riesgos en Escuelas de Educación Básica, así como lineamientos específicos para media superior y superior, donde se establece que ante una emergencia médica se debe llamar de inmediato al 911, brindar primeros auxilios básicos, notificar a madres y padres, resguardar al grupo y registrar el incidente. Estos documentos se complementan con la Guía Práctica de Riesgos y el Manual de Protección Civil Escolar, que obligan a tener programa interno de protección civil actualizado, simulacros, botiquín y personal identificado como primer respondiente en cada plantel.

A nivel federal, la SEP y el sector salud han impulsado la Estrategia Nacional Integral de Vida Saludable, que busca monitorear peso, talla y salud integral de millones de niñas y niños, además de promover ambientes escolares más sanos y con mejores hábitos, mientras en el Congreso se discuten iniciativas para garantizar botiquines de primeros auxilios en todas las escuelas de educación básica. Sin embargo, la muerte súbita de una docente dentro del aula recuerda que la salud escolar no sólo pasa por el alumnado: las y los maestros acumulan jornadas largas, estrés, enfermedades crónicas y, muchas veces, revisiones médicas esporádicas. Cuando sucede una crisis en el salón, la diferencia entre una anécdota de susto y una tragedia puede depender de segundos, de la capacitación real en primeros auxilios y de que los protocolos no se queden en PDF.

En la Laguna, el debate ya empezó: ¿hay simulacros sólo para evacuaciones y balaceras, o también para infartos, desmayos y crisis de salud mental?, ¿el personal sabe usar un botiquín y coordinarse mientras llega la ambulancia?, ¿las familias reciben información clara de lo que se hizo y de los apoyos emocionales disponibles para las y los alumnos que presenciaron un hecho así? Lo que pasa en una escuela particular del Centro de Torreón termina siendo espejo para todo Coahuila: el papel dice que hay manuales, pero la comunidad escolar necesita saber —con nombre y apellido de plantel— qué tan listos están en la práctica.

Si Coahuila quiere tomarse en serio la salud en las aulas, la ruta pasa por una agenda compartida: la Secretaría de Educación estatal y las subsecretarías regionales revisando, escuela por escuela, el cumplimiento de protocolos y programas internos de protección civil; los dueños y directivos de planteles particulares garantizando botiquines completos, personal capacitado y simulacros que incluyan emergencias médicas; el sector salud coordinando capacitación y tiempos de respuesta; y los municipios facilitando rutas claras para ambulancias y servicios de emergencia. A las comunidades escolares —docentes, madres, padres y estudiantes— les toca exigir que esa información sea pública y verificable, no sólo una promesa en un documento oficial.

La muerte de una maestra querida en pleno salón duele y conmueve, pero también obliga a hacerse una pregunta incómoda: en Coahuila hablamos cada vez más de protocolos frente a la violencia, ¿estamos poniendo el mismo cuidado en las emergencias silenciosas que tienen que ver con la salud? Un sistema educativo que presume orden y blindaje necesita demostrar, con hechos y no sólo con discursos, que cada escuela —pública o privada— sabe qué hacer cuando alguien se desploma frente a un grupo de niñas, niños y adolescentes.

Comments are closed

Otras publicaciones

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com