Con 80 por ciento de avance en la construcción de las redes troncales del proyecto Agua Saludable para La Laguna, una inversión federal de alrededor de mil 800 millones de pesos y más de 120 kilómetros de tubería para llevar agua superficial tratada del río Nazas a nueve municipios de Coahuila y Durango, la obra estrella para sacar a la Comarca del agua con arsénico entra en su recta final: ahora el desafío ya no está sólo en los grandes ductos que impulsa el gobierno de la Cuarta Transformación, sino en que los organismos operadores, los gobiernos estatales y los ayuntamientos conviertan esas redes en agua segura saliendo de la llave en colonias y ejidos laguneros.
La fotografía técnica es clara: las redes troncales del proyecto registran más de 80 por ciento de avance físico y se prevé terminarlas hacia finales de 2025. Se trata de una infraestructura que conecta la potabilizadora y los ramales principales con los sistemas locales de distribución, con una inversión estimada cercana a los mil 800 millones de pesos y más de 120 kilómetros de tubería que alimentarán a municipios de la Laguna coahuilense como Torreón, Matamoros, Francisco I. Madero, San Pedro y Viesca, así como a Lerdo, Gómez Palacio, Mapimí y Tlahualilo en Durango.
Detrás de esos números hay una herida abierta desde hace décadas: el arsénico en el agua de pozo. Estudios académicos y diagnósticos oficiales han documentado que en buena parte de los pozos urbanos y rurales de la Comarca las concentraciones superan los límites de la norma mexicana, en algunos casos por encima de los 25 microgramos por litro, y que esto se traduce en hidroarsenicismo, mayor riesgo de enfermedades de la piel, problemas cardiovasculares, cáncer, diabetes y obesidad. En algunos muestreos recientes, más de la mitad de los pozos evaluados en municipios como Torreón, Francisco I. Madero, Matamoros y Viesca resultaron en “semáforo rojo” por arsénico.
Frente a esa realidad, Agua Saludable para La Laguna se ha convertido en uno de los proyectos más simbólicos de la Cuarta Transformación en el norte del país. Primero se pusieron en marcha etapas que ya entregan alrededor de mil 200 litros por segundo de agua potabilizada y se construyó infraestructura con capacidad para llegar, en el futuro, a más de 3 mil 800 litros por segundo y hasta 6 mil litros por segundo para una población creciente; ahora, con las redes troncales casi listas, el gobierno federal ha reiterado —a través de la autoridad del agua— que el objetivo es cumplir el derecho humano al agua en calidad y cantidad suficientes para alrededor de un millón 600 mil habitantes de los nueve municipios laguneros.
El siguiente movimiento ya no depende sólo de las grandes obras. Con los ductos troncales prácticamente resueltos, la responsabilidad se desplaza hacia el terreno local: organismos operadores de agua que deben modernizar redes internas, reducir fugas, conectar colonias y ejidos a la nueva fuente; gobiernos estatales y ayuntamientos que tienen que acordar calendarios públicos por sector, transparentar los resultados de laboratorio sobre la calidad del agua que llega a las casas y establecer metas trimestrales de incorporación a la red, dando prioridad a las zonas populares históricamente más expuestas al arsénico, no sólo a los corredores industriales y comerciales.
La Laguna esperó décadas para dejar de beber agua con arsénico y hoy, por primera vez, los números dicen que el cambio de fuente está al alcance de la mano. La pregunta para Coahuila es si permitirá que el proyecto se quede en foto de inauguración y cifras de avance, o si va a empujar —desde gobierno y desde la propia ciudadanía— para que los últimos metros de tubería, los que van de la red troncal al patio de cada casa, se conviertan en la verdadera prueba de que el derecho humano al agua limpia también se cumple en el desierto lagunero.














Comments are closed