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Monclova

En Monclova, unos 60 dueños de cantinas y bares pidieron al Ayuntamiento permiso para abrir los domingos de diciembre y el primer domingo de enero porque las ventas se desplomaron, al menos 10 locales del centro —incluida la histórica “La Bahía”— ya bajaron la cortina y la ciudad arrastra una caída de hasta 40% en el comercio tras el colapso de Altos Hornos de México; la petición choca con un marco estatal que solo deja vender alcohol en domingo a restaurante-bares o a quienes paguen permisos especiales y horarios extendidos, mientras la Región Centro se queda a medio camino entre cuidar la salud pública y salvar empleos.

Monclova amaneció con una escena que se repite cada vez más: cortinas bajas en pleno centro y mesas vacías en las cantinas que sobreviven. La Unión de Comerciantes en Vinos y Licores, encabezada por Raúl García, llegó al Palacio Municipal con una petición concreta: que los dejen abrir los domingos de diciembre y el primer domingo de enero, con una cuota “simbólica” para el municipio, para poder pagar sueldos, aguinaldos y recibos de luz. El gremio agrupa a unos 60 negocios, 45 instalados en el primer cuadro, y calcula que cada cantina sostiene de dos a tres empleos directos; aun así, cerca de 10 establecimientos del centro ya cerraron en los últimos meses, entre ellos “La Bahía”, una de las más antiguas de la ciudad.

Detrás de la urgencia decembrina está la herida que no cierra: la quiebra de AHMSA y la crisis industrial de la Región Centro. Desde que la acerera dejó de operar, Monclova perdió miles de empleos directos y buena parte de su cadena de proveeduría; estudios recientes estiman que hasta 40% de la actividad económica local dependía de la siderúrgica, y que el paro dejó sin trabajo a alrededor de 17 mil personas entre planta y proveedores, arrastrando a comercios, créditos y familias enteras.

La propia Unión de Comerciantes lleva meses advirtiendo que la falta de circulante y el desempleo provocaron el cierre de cerca del 15% de los negocios en la ciudad y una caída de ventas de hasta 40%, con familias que ahora venden desde la cochera para completar el gasto o de plano emigran a otras ciudades o a Estados Unidos.

El otro lado de la historia está en la ley. En Coahuila, abrir un domingo no es solo cuestión de subir o bajar la cortina: la normativa permite que los restaurante-bares vendan alcohol en domingo siempre y cuando el giro central sea la comida, mientras que videobares y cantinas tienen la puerta cerrada salvo que tramiten permisos extraordinarios por evento, avalados por el municipio y la Secretaría de Finanzas.
A eso se suma la Ley de Hacienda estatal, que desde finales de 2024 abrió la posibilidad de extender hasta por dos horas el horario de cierre en bares certificados en el programa “Consumo Consciente”, a cambio de pagar alrededor de mil 700 pesos por cada hora extra; un esquema pensado para ordenar y recaudar, pero que deja poco margen a los pequeños negocios que apenas pueden con la luz, el agua y los impuestos.
En el mismo tablero, la Ley Seca en elecciones o eventos especiales ha llegado a pegar hasta 20% en las ventas de restaurantes y bares de la Región Centro, según cálculos del propio sector.

Mientras Monclova pelea por un domingo de venta legal, en la Laguna la discusión camina por otra banqueta: allá la industria de bares debate cómo aprovechar los horarios extendidos y el sello de “Consumo Consciente” para reactivar la vida nocturna sin disparar incidentes, y los empresarios insisten en que la clave está en la supervisión y en la corresponsabilidad del cliente.

El contraste es claro: en el norte del estado se discute hasta qué hora se debe vender alcohol; en la Región Centro, si habrá cómo pagar el aguinaldo. En medio de ese mapa desigual, la pregunta para el gobierno estatal y el Ayuntamiento de Monclova no es solo si se abre o no en domingo, sino bajo qué reglas, qué apoyos adicionales habrá para el pequeño comercio y cómo se mide el impacto en empleo, salud y seguridad.

Si Coahuila ya tiene una Ley de Hacienda que cobra por cada hora extra y un reglamento que distingue con lupa entre restaurante-bar y cantina, el siguiente paso debería ser un tablero público que ponga sobre la mesa los números completos: cuántos negocios están cerrando, qué tanto se están recaudando por permisos, qué pasa con los ex proveedores de AHMSA que siguen en buró de crédito y cuántos empleos se pueden salvar con un domingo bien regulado.

Una agenda compartida entre comerciantes, municipio, estado y los programas federales de bienestar —que ya operan en la zona para amortiguar el golpe del desempleo— tendría que ir más allá del permiso de temporada: crédito accesible para micronegocios, incentivos para formalizar empleos, campañas de consumo local y reglas parejas que no conviertan a las cantinas en chivo expiatorio, sino en parte visible de la economía que hoy mantiene viva a la Región Centro.

Cuando abrir un domingo se vuelve la línea que separa el aguinaldo de la liquidación, el debate ya no es solo de alcohol, sino de modelo económico. La crisis de AHMSA dejó a Monclova colgando de los servicios y del comercio chico; la cuestión es si Coahuila va a seguir parchando con permisos temporales o se animará a discutir, con datos en mano, qué tipo de ciudad quiere construir cuando se apagan las luces de la siderúrgica y se encienden las de las cantinas.

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