Torreón anunció vigilancia reforzada en bulevares y escuelas para enfrentar las horas pico. El operativo muestra capacidad de reacción, pero también exhibe la desigualdad con que se maneja la movilidad en Coahuila. Mientras en Saltillo los ciudadanos se resignan a viajes de más de una hora y en Monclova los cruceros peligrosos siguen sin atención, las autoridades estatales se limitan a aplaudir esfuerzos aislados sin presentar una estrategia integral.
El operativo torreonense incluyó presencia extra de tránsito en avenidas como Constitución, Independencia y Revolución, además de filtros en accesos escolares. El anuncio se vendió como un avance en seguridad vial.
Pero la evidencia estatal es incómoda: en Saltillo, usuarios de transporte reportaron recorridos de hasta 70 minutos en rutas troncales sin que hubiera refuerzos de tránsito. En Monclova, colectivos llevan meses pidiendo vigilancia en cruceros con accidentes frecuentes, sin resultados.
Se ha confirmado por la Auditoría Superior del Estado que los municipios destinan más a operativos temporales que a infraestructura vial. Esto significa que cada administración inventa sus propios “parches” en lugar de trabajar en semáforos inteligentes, pasos peatonales o un sistema de movilidad estatal coordinado.
La federación ya publicó la Estrategia Nacional de Movilidad y Seguridad Vial 2023–2042, que obliga a los estados a homologar protocolos. La pregunta es evidente: ¿por qué Coahuila no ha mostrado un plan concreto para aplicarla en Saltillo, Torreón y Monclova?
El operativo en Torreón demuestra que se puede reaccionar cuando la presión ciudadana lo exige. Pero a nivel estatal, seguimos atrapados en el círculo vicioso de la improvisación: medidas parciales que maquillan el problema en lugar de resolverlo. ¿Queremos ciudades que solo aparentan orden en bulevares centrales, o un Coahuila donde moverse sin miedo y sin perder horas sea un derecho básico?














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