Para una parte de la gente se percibe como burla: circulan publicaciones que acusan una “fiesta del PRI con tu dinero”, mientras otros lo defienden como convivencia partidista; lo verificable, por ahora, es que una columna local describió una posada del PRI Coahuila en Saltillo, con Manolo Jiménez como invitado de honor y con asistencia de estructura política, incluyendo priístas laguneros que “cerraron filas”. Lo que sigue, si el gobierno quiere cortar el ruido, es simple: aclarar con documentos si hubo o no gasto público, y en qué concepto.
La acusación de “dinero público” que circula en redes es un señalamiento que, en lo consultado en fuentes abiertas, no viene acompañado de facturas, contratos o un desglose oficial del costo del evento; por eso no puede tratarse como hecho consumado. Si existió participación institucional (logística, renta, transporte, catering, personal, sonido), debe acreditarse o descartarse con evidencia verificable, no con adjetivos.
El artículo 134 constitucional obliga a que los recursos públicos se administren con eficiencia, honradez e imparcialidad, y eso incluye evitar cualquier sombra de confusión entre gobierno y partido. No es un tema de “sensibilidades”: es un piso mínimo de confianza cuando el ciudadano paga impuestos y ve fotos de mesas, bebidas y convivencia difundidas en redes.
Nosotros pensamos que el Gobierno del Estado no debe dejar esto en el pantano del “dicen”. La Secretaría de Fiscalización y Rendición de Cuentas y la Auditoría Superior del Estado tienen que fijar una ruta corta: en un plazo público (por ejemplo, 72 horas) publicar una nota aclaratoria con tres piezas: si hubo gasto estatal o municipal relacionado, el monto y el concepto; si no lo hubo, una constancia de que no existe registro de pago; y, en ambos casos, el canal para que cualquier ciudadano pida el soporte por la Plataforma Nacional de Transparencia. Con eso se apaga el incendio donde duele: en la credibilidad.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: si el evento fue partidista, ¿por qué permitir que crezca la sospecha? y si hubo un peso público, ¿por qué no transparentarlo antes de que se convierta en historia? Coahuila puede tener “unidad tricolor” en un salón, pero en la calle la unidad que urge es otra: la de reglas claras. En año preelectoral, la diferencia entre posada y escándalo la marca una cosa: papel, fecha y responsable.














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