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Frontera

En la Región Centro, un accidente doméstico dejó a una bebé con quemaduras graves y detonó una ola de apoyo ciudadano; según reportes y la actualización más reciente, el caso fue encaminado a tratamiento especializado en Estados Unidos. La solidaridad coahuilense se aplaude, pero el fondo es otro: una emergencia pediátrica no debería depender de colectas y gestiones improvisadas, sino de un protocolo estatal con tiempos, responsables y ruta clara para que ninguna familia quede fuera.

Coahuila respondió como responde la gente cuando lo que está en juego es una niña: con el corazón en la mano. Se compartió información, se buscó apoyo y se empujó para que el acceso a atención especializada no se detuviera en la puerta del “no hay cupo”, “falta esto”, “espere tantito”. Y aun así, el hecho de que el destino y la ruta se fueran ajustando con el paso de las horas deja un mensaje claro: no existe un guion único que todos conozcan.

De manera preliminar, lo que se sabe es lo esencial: fue un accidente en casa, la menor se mantuvo estable bajo atención médica y se gestionó su atención especializada fuera del país con apoyo institucional y social. Pero lo que no puede repetirse es el patrón de “sálvese quien pueda”: en traslados de pacientes con quemaduras, el criterio médico y la logística segura importan tanto como la rapidez, y por eso la ruta debe estar estandarizada desde antes, no “inventándose” con la urgencia encima.

Hoy, lo mínimo que Coahuila merece es que la Secretaría de Salud estatal publique un protocolo único para quemaduras pediátricas: a qué hospital se llega primero, quién decide el traslado, con qué criterios, y en cuánto tiempo máximo se activa el siguiente nivel. La gente no necesita discursos; necesita un mapa que funcione en la madrugada, en domingo, y en cualquier municipio.

Al mismo tiempo, el DIF y Protección Civil deben tener un “botón rojo” operando 24/7: enlaces, convenios y coordinación lista con fundaciones y centros especializados, para que el apoyo social sea un complemento —no el motor principal—. Y si el Estado ya ha gestionado traslados a hospitales especializados en otros casos, entonces debe dejarlo por escrito, con números: cuántas activaciones al año, tiempos promedio de traslado, y cuántas familias reciben acompañamiento integral.

En una emergencia, el número único es el 911. Y para orientación y canalización especializada en quemaduras pediátricas, existe QUEMATEL 800 080 8182 (Fundación Michou y Mau).

Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: Coahuila se rompe la espalda ayudando —y eso habla bien de su gente—, pero el gobierno debe asegurarse de que la próxima familia no dependa de suerte, viralidad o colectas para llegar a tiempo. Hoy el abrazo es para esa familia. Mañana, la pregunta queda para todos: ¿vamos a seguir reaccionando caso por caso, o vamos a exigir un sistema que responda igual de rápido que la ciudadanía?

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