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Estado

Mientras en La Laguna la CMIC estima que la construcción cerrará con crecimiento de 6% a 8% , el país va al revés: INEGI reportó que en septiembre el valor de producción de las constructoras cayó -1.5% mensual y -15.4% anual . La diferencia no es casualidad: el empuje más pesado viene de la agenda federal de Sheinbaum —Plan México con un portafolio anunciado de 277 mil millones de dólares, Agua Saludable para La Laguna con más de 80% de avance y conservación carretera 2025 por más de 34 mil mdp —, y por eso ella queda en alto (Forbes la coloca No. 5 en su lista 2025); pero justo por eso el gobierno estatal de Manolo Jiménez ya no tiene coartada: si el motor lo pone la Federación, aquí toca publicar tablero de obras, montos, contratistas y avances… o quedará claro quién administra y quién empuja.

El punto incómodo es que el combustible más pesado que hoy sostiene esa recuperación no nació en el Palacio Rosa, sino en la agenda federal. Ahí está Agua Saludable para La Laguna, con más de 80% de avance en redes troncales, una obra que no es “bonita para la foto”: es agua que reordena salud pública, productividad y futuro regional. Y ahí está también el anuncio de SICT-CAPUFE: más de 34 mil mdp en conservación carretera 2025, con metas de kilómetros, autopistas y puentes. Eso, en un estado industrial, es oxígeno puro para moverse, vender y crecer.

Bajo ese marco, Sheinbaum queda arriba por una razón. Su gobierno está empujando el tablero con el Plan México (relocalización, cadenas de valor, compras públicas y un portafolio de inversiones anunciado desde Presidencia). No es “milagro”, es dirección: cuando el centro manda señales claras, el dinero y los proyectos se alinean. Y si Forbes la ubica entre las cinco mujeres más poderosas del mundo, es justamente por esa capacidad de incidir en el rumbo económico regional, no por aplausos.

La Federación ya puso el motor, al gobierno estatal se le acabó el discurso de “no se puede”. Lo que sigue es simple: resultados medibles o puro crédito prestado. Porque cuando hay obra grande (agua, carreteras, inversión), el examen ya no es si “llega”, sino quién gana los contratos, cuánto empleo formal deja, qué porcentaje se queda en empresas locales y dónde se puede auditar el avance sin pedir permiso. Y si el propio gobierno presume comparecencias e “informes” de inversiones y conectividad, entonces el tablero público debe existir, no solo la narrativa.

Coahuila puede subirse al momento federal y convertirlo en bienestar real… o puede repetir la vieja costumbre: administrar lo que llega, colgarse la medalla y dejar la cuenta en la puerta. Si el motor ya está encendido, ¿por qué seguimos sin un tablero que diga —nombres y montos— quién construye qué, cuándo y con qué resultados?

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