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Estado

La muerte de Víctor Manuel Infante Ortiz, maestro de primaria de 35 años en Frontera, se suma a una cadena de fallecimientos por dengue grave en la Región Centro justo cuando la Secretaría de Salud de Coahuila presume haber reducido en más del 85% los casos en el estado: de 5,600 contagios y 44 decesos el año pasado a 627 casos y 5 muertes en 2025. Detrás de la buena cifra estatal, quedan familias que todavía no saben en qué momento se rompió la cadena entre la prevención en las colonias, la detección a tiempo y la atención en los hospitales.

El caso del maestro Víctor Manuel, conocido como “Vico” entre alumnos y colegas, golpeó de lleno a la comunidad educativa de Frontera: falleció el 2 de diciembre tras un cuadro clínico que su familia y amigos identifican como dengue hemorrágico, mientras las autoridades sanitarias aclaran que el expediente sigue en análisis y aún no lo suman a las tres defunciones por dengue confirmadas oficialmente en la Región Centro. En la misma zona, Monclova, Frontera, Castaños, San Buenaventura y Nadadores acumulan alrededor de 240 casos confirmados, con 125 contagios en Monclova y 60 en Frontera, según la Cuarta Jurisdicción Sanitaria.

No es el primer duelo reciente: en octubre murió Paulina Valdez Rodríguez, normalista originaria de Nadadores que estudiaba en Monclova, también por dengue hemorrágico tras varios días hospitalizada. Para las familias, no se trata de estadísticas sino de nombres propios y sillas vacías en aulas y salones. La Jurisdicción insiste en que, al corte oficial, son tres decesos confirmados por dengue en la Región Centro y que otros casos, como el del profesor Víctor, esperan dictamen definitivo del ISSSTE, pero eso no reduce el sentimiento de que hubo señales de alarma que pudieron haberse atendido antes.

Al mismo tiempo, el gobierno estatal presenta un balance mucho más favorable: Coahuila pasó de 5,600 casos de dengue en 2024 a 627 en 2025, con una reducción de más del 85% en contagios y de 44 a 5 defunciones. Las autoridades explican que arrancaron acciones preventivas desde febrero —fumigación, descacharrización y coordinación con los 38 municipios— para anticiparse a la temporada de lluvias y responder a la alerta epidemiológica de la Organización Mundial de la Salud. En el discurso, Coahuila aparece como ejemplo de control frente al brote latinoamericano de 2024, que colocó al estado en quinto lugar nacional.

A nivel nacional, la Dirección General de Epidemiología reporta 14,652 casos confirmados de dengue y 48 defunciones en 2025, con una fuerte caída en el número total de contagios frente a 2024, pero con una letalidad mayor: menos enfermos, pero una proporción más alta de pacientes que no logran sobrevivir. En la Región de las Américas, la Organización Panamericana de la Salud documenta más de 4.2 millones de casos sospechosos este año y advierte que la combinación de cambio climático, urbanización desordenada y adaptación del virus —incluida su presencia en zonas antes consideradas “frías” como partes de Coahuila— obliga a sostener la vigilancia durante todo el año, no sólo en temporada de lluvias.

En la calle, el relato suena distinto al boletín: vecinos de colonias de Monclova y Frontera describen patios donde apenas ha pasado una brigada de fumigación, campañas de descacharrización que no siempre llegan a las zonas más periféricas y familias que dan varias vueltas entre consultorios y urgencias antes de que alguien les hable con claridad de “signos de alarma”. La sensación es que Coahuila efectivamente logró contener la ola estadística, pero aún no cierra las brechas entre municipio y municipio, ni entre lo que se anuncia y lo que vive una persona común cuando presenta fiebre, dolor intenso y debilidad y debe decidir si espera en casa o corre al hospital.

Si el estado quiere que la reducción del 85% en casos se traduzca también en menos duelos como el del maestro Víctor y la normalista Paulina, hace falta un nivel de transparencia más fino: mapas públicos por colonia con focos de riesgo, calendarios de fumigación y descacharrización claros para cada municipio, tiempos promedio de atención en urgencias para sospecha de dengue grave y reportes trimestrales que digan, con nombre de programa y presupuesto, qué se está haciendo para que ningún paciente llegue tarde al hospital. Las cifras globales son un buen punto de partida; lo que falta es que cada familia pueda ver, en tiempo real, qué tanto la estrategia llega o no a su cuadra.

Coahuila tiene argumentos para decir que aprendió la lección de 2024 y que, en números, el dengue ya no está desbordado; pero cada vez que una escuela pierde a un maestro o una familia despide a una joven estudiante, la estadística deja de ser consuelo y vuelve a ser pregunta.

La duda que queda para la Región Centro es directa: si ya demostramos que se pueden bajar miles de casos en un año, ¿qué falta para que también bajemos al mínimo las historias de gente que hizo “lo que le dijeron” y aun así llegó tarde a tiempo?

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