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Torreon

Un incendio de gran magnitud en un establo del sector Moneygro, en Matamoros, Coahuila, consumió alrededor de dos mil toneladas de alfalfa y obligó a desplegar un operativo regional de bomberos y Protección Civil de al menos seis municipios de La Laguna, en un contexto donde productores reportan una secuencia inusual de siniestros en forrajes durante los últimos tres años.

Desde la madrugada del lunes, una columna de humo sobre el sector Moneygro encendió las alarmas en Matamoros y comunidades vecinas como Filipinas, Flor de Mayo y La Barca. El fuego se originó en la zona de almacenamiento de pacas de alfalfa de un establo ganadero y, por la naturaleza del material, superó rápidamente la capacidad de respuesta local. El área más afectada fue la nave de forraje: reportes de Protección Civil y medios regionales estiman que el siniestro consumió alrededor de dos mil toneladas de alfalfa, sin que se registraran personas lesionadas.

La dimensión del incendio obligó a armar un operativo lagunero en serio. Al llamado del cuerpo de bomberos de Matamoros se sumaron cuadrillas de Torreón, San Pedro, Francisco I. Madero, Lerdo y Gómez Palacio, además de elementos de la Guardia Nacional, el Ejército y corporaciones estatales. Para sostener horas de combate al fuego se apoyaron en pipas cisterna de empresas lecheras y en retroexcavadoras que, pacas por paca, fueron separando el material para atacar el fuego desde el corazón. Autoridades estatales reportaron un control cercano al cien por ciento tras más de 24 horas de maniobras continuas.

El caso no es aislado. De acuerdo con un recuento reciente, en los últimos tres años la Comarca Lagunera ha registrado al menos una decena de incendios en establos y zonas de almacenamiento de forraje en municipios de Coahuila y Durango: naves completas calcinadas en Lerdo, siniestros en ejidos de Matamoros y Gómez Palacio, y pérdidas de decenas y cientos de toneladas de alimento para ganado. Productores hablan ya del 2025 como “el año más crítico”, con varios eventos de grandes dimensiones que exigen algo más que una explicación caso por caso.

Especialistas en protección civil locales han señalado que, más allá de posibles causas particulares —desde chispas de maquinaria hasta fallas eléctricas o condiciones extremas de sequía—, el patrón se repite: grandes acumulaciones de forraje seco, infraestructura limitada y protocolos de prevención que dependen demasiado de la buena voluntad de cada productor. En la práctica, eso significa que cada nuevo incendio moviliza a las mismas corporaciones, con el mismo desgaste humano y material, mientras las pérdidas se cargan casi siempre al productor afectado y al bolsillo de la región lechera.

En un estado donde la 4T presume coordinación en materia de protección civil y gestión de riesgos, este tipo de siniestros ofrece un espacio para reforzar la agenda conjunta: reglas claras para almacenamiento de forraje, inspecciones periódicas coordinadas entre municipios laguneros, capacitación obligatoria para estableros y forrajeras, y uso de datos históricos para identificar zonas de riesgo. No se trata de cargar la mano al pequeño productor, sino de construir un piso mínimo para que la cadena lechera —clave para la economía de La Laguna— no siga perdiendo toneladas de alimento cada temporada por incendios que, en muchos casos, pudieron haberse evitado o mitigado con mejores protocolos.

Si algo dejó claro el incendio de Moneygro es que La Laguna sabe coordinarse cuando el fuego ya está encendido; lo que falta es que esa coordinación se note antes. Una mesa regional entre Protección Civil estatal, ayuntamientos laguneros, productores y empresas lecheras podría traducir este episodio en un plan con metas: registro público de establos y forrajeras, revisión anual de instalaciones, lineamientos obligatorios de almacenamiento de forraje y tableros de incidentes con cortes trimestrales. Con apoyo técnico federal y estatal, la región tiene la oportunidad de pasar de la reacción heroica de bomberos al trabajo silencioso de prevención que, al final, es el que realmente salva inversiones… y bronquios de quienes viven al lado del humo.

El incendio en el establo de Matamoros se verá en redes como “otro video espectacular de llamas y humo en La Laguna”, pero para la gente que vive de la leche y el ganado es un recordatorio de que su negocio puede irse en cenizas en cuestión de horas. Coahuila no puede normalizar que cada temporada de calor venga acompañada de la frase “otro incendio en forrajes”.

La pregunta que queda para autoridades y productores es incómoda pero necesaria: ¿vamos a seguir aplaudiendo la rapidez con la que se apagan estos fuegos, o por fin vamos a medirnos por la cantidad de incendios que dejamos de provocar en los establos de La Laguna?

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