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La autorización de 750 millones de metros cúbicos de agua para el ciclo agrícola 2025–2026 en la Región Lagunera marca el fin del “mini ciclo” de 400 Mm³ que golpeó a más de 36 mil productores, pero llega justo cuando la nueva Ley General de Aguas de la 4T promete frenar el acaparamiento y ordenar las concesiones en distritos como el 017 de Coahuila–Durango.

El Comité Técnico de Operación de Obras Hidráulicas autorizó 750 millones de metros cúbicos (Mm³) para el próximo ciclo de riego en la Comarca Lagunera, después de varias rondas de negociación entre Conagua y las asociaciones de usuarios del Distrito 017. El volumen se alimentará de las presas Lázaro Cárdenas y Francisco Zarco, que hoy rondan entre 45 y 60 por ciento de almacenamiento gracias a las lluvias recientes, y permitirá sembrar en torno a 35–40 mil hectáreas de forrajes, algodón, nogaleras y otros cultivos. El acuerdo quedó a medio camino: los usuarios pedían 800 Mm³, la propuesta técnica arrancó en 700, y el 750 salió como punto de equilibrio aceptado por los 17 módulos de riego.

La diferencia con el ciclo anterior es abismal. Para 2024–2025, la región tuvo que operar un mini ciclo de apenas 400 Mm³, la mitad de lo autorizado en 2023–2024, lo que redujo drásticamente superficie sembrada y provocó pérdidas que organizaciones campesinas describieron como “catástrofe agrícola” para más de 36 mil productores de la zona. Aquella decisión se tomó en plena racha de sequía y niveles críticos en las presas; hoy, con mejor captación, el discurso cambia a “ciclo normal”, pero nadie se engaña: el agua sigue siendo limitada y cualquier abuso en extracciones o cultivos de alta demanda puede volver a dejar secos a los más chicos.

El giro de fondo viene desde la Ciudad de México. El gobierno federal impulsa una nueva Ley General de Aguas que, en su narrativa oficial, busca “fortalecer el derecho humano al agua y la rectoría del Estado”, poniendo candado al acaparamiento y a la compraventa discrecional de concesiones. La presidenta Claudia Sheinbaum ha defendido la reforma frente a protestas de transportistas y agricultores que bloquearon carreteras en 22 estados, argumentando que hay grupos que se movilizan para conservar privilegios creados cuando el agua se trató como mercancía y no como derecho. Organizaciones civiles, por su parte, advierten que el texto todavía deja huecos para mantener el sobreconcesionamiento y piden ajustes de fondo para evitar la privatización encubierta del recurso.

Para distritos como el 017, el mensaje es claro: el ciclo de 750 Mm³ será también un abanico de prueba para las nuevas reglas. Conagua ha planteado que ya no se permitirán esquemas donde “unos cuantos concentran muchas concesiones y grandes cantidades de agua mientras comunidades y pequeños y medianos productores carecen del líquido suficiente”, y que el apoyo federal para tecnificar riego tendrá como condición que los usuarios devuelvan derechos que ya no necesitan. Si esa lógica aterriza en serio en la Laguna, módulos históricamente fuertes en algodón y forraje tendrán que transparentar volúmenes y usos, y los ejidos chicos podrían ganar margen para sembrar sin vivir cada año al filo del “mini ciclo”.

La oportunidad está servida para una agenda compartida entre Conagua, los gobiernos de Coahuila y Durango, y las organizaciones de usuarios del Distrito 017. Un primer paso concreto sería publicar un tablero del agua: cuánto de esos 750 Mm³ va a cada módulo, qué cultivos se priorizan, qué rendimientos se esperan por hectárea y qué candados existen contra extracciones ilegales o bombeos fuera de turno. Ese tablero, ligado a la nueva Ley de Aguas y respaldado por apoyos federales para tecnificación, permitiría que el discurso de “no más acaparadores” deje de ser eslogan y se vuelva política pública que se pueda revisar desde cualquier ejido con un celular.

La Laguna celebra porque vuelve a tener ciclo completo y no migajas de agua, pero la verdadera batalla apenas empieza: con más volumen disponible, la tentación de repetir viejos vicios también crece. Si el nuevo marco hídrico de la 4T se queda en el papel, el 750 será sólo una buena noticia de temporada para los de siempre; si se convierte en reglas claras, transparentes y vigiladas desde el campo, este ciclo puede ser el punto en que la región deje de vivir entre la sequía de abajo y el acaparamiento de arriba. La pregunta es si los que hoy levantan la mano en el Comité Hidráulico están dispuestos a abrir sus números con la misma facilidad con la que celebran el aumento.

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