Coahuila cerrará 2025 con 73 nuevas inversiones y una derrama acumulada superior a 150 mil millones de pesos, mientras el gobierno federal reporta un récord histórico de inversión extranjera directa y prepara un plan emergente de inversiones; el reto es que ese “buen año” se traduzca en empleo formal parejo por región antes de que llegue la revisión del T-MEC en 2026.
Desde Torreón, el secretario de Economía de Coahuila, Luis Olivares, detalla la foto grande: 73 proyectos de inversión confirmados en 2025, contra 59 del año anterior, y una derrama acumulada de más de 150 mil millones de pesos en la administración estatal actual. Los proyectos tocan sobre todo la industria automotriz, la manufactura avanzada y las energías renovables, consolidando a Coahuila como pieza clave de la cadena exportadora hacia Estados Unidos. La narrativa oficial es clara: en un entorno internacional complicado, el estado mantiene “números positivos” en inversiones y generación de empleo.
El contexto federal refuerza ese discurso. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció que México alcanzará alrededor de 41 mil millones de dólares de inversión extranjera directa en 2025, un incremento cercano al 15% respecto a 2024, y que se trabaja en un plan emergente de inversiones para enfrentar la desaceleración económica y la caída de la inversión fija bruta. Ese plan busca movilizar grandes bolsas de capital público y privado hacia infraestructura, vivienda y conectividad, bajo una nueva Ley de Inversiones en Infraestructura para el Bienestar, y da margen para que estados industriales como Coahuila se suban a la ola si muestran proyectos claros y bancables.
Sin embargo, los números finos del empleo matizan la euforia. De acuerdo con datos del IMSS, en marzo se generaron 2,963 nuevos puestos de trabajo formales en Coahuila, equivalentes al 8.66% de los empleos creados en todo el país ese mes, pero en otros periodos del año el estado ha aparecido entre los que registran caídas netas de empleo formal. La creación de plazas se concentra en ciertos municipios —sobre todo de la Laguna y corredores automotrices— mientras regiones como la Centro siguen resintiendo el apagón de AHMSA y la lenta recuperación de su mercado interno. En la práctica, el “buen año” en inversiones todavía no se siente igual en todas las colonias.
A este cuadro se suma la presión internacional. La Secretaría de Economía federal ya inició consultas con al menos 30 sectores productivos para preparar la revisión del T-MEC en 2026, mientras la industria automotriz advierte un escenario complejo por reglas de origen más estrictas y posibles ajustes arancelarios ligados a la guerra comercial con China. Voces empresariales hablan incluso de un “muro arancelario” si se endurecen impuestos a importaciones asiáticas y a ciertos componentes, lo que obligaría a fortalecer proveedores locales sin frenar la llegada de inversiones. Para un estado que vive del ensamble y la exportación, como Coahuila, esa discusión no es de escritorio: se juega la competitividad de sus plantas y el futuro de miles de empleos.
Si Coahuila quiere pasar de los anuncios al blindaje económico, el siguiente paso debería ser una agenda compartida entre el gobierno estatal, la Federación y el sector productivo que ponga sobre la mesa tres cosas: un tablero público de las 73 inversiones con datos por municipio (monto, sector, empleos formales y salarios), una estrategia específica para regiones golpeadas como la Centro —aprovechando el plan emergente de inversiones de la 4T y los programas federales de bienestar— y una postura clara del estado frente a la revisión del T-MEC, alineada con la ruta que marcan la Secretaría de Economía y la industria automotriz nacional. Sin estos elementos visibles, el riesgo es que la bonanza se quede en boletines y no en nóminas.
En los gráficos, Coahuila aparece como historia de éxito: inversiones al alza, IED récord a nivel nacional y un futuro atado al nearshoring. En el piso, la realidad es más desigual: municipios que presumen nuevas plantas junto a regiones donde la crisis industrial aún se mide en marchas y abuelos buscando liquidaciones pendientes. La verdadera prueba de los próximos meses no será cuántos millones más se anuncian, sino cuántas familias pueden decir, sin discurso, que la “inversión histórica” se nota en su recibo del IMSS, en la seguridad de su empleo y en la manera en que el estado llega a la mesa del T-MEC: como socio fuerte, sí, pero también como territorio que no deja a nadie fuera del reparto.














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