En menos de una semana, Monclova registró dos movilizaciones policiacas que iniciaron igual: conductores en fuga y vehículos a alta velocidad en colonias habitadas. Primero, un presunto ladrón que tiró a su bebé de tres meses en un baldío para huir; después, una camioneta Jeep que impactó una patrulla en el bulevar Harold R. Pape y desató un operativo nocturno que terminó con cuatro detenidos por aparente estado de ebriedad. Mientras los municipios reactivan filtros antialcohol y en Coahuila se advierte que hasta 60 % de los accidentes están ligados al alcohol, la pregunta es cuánto estamos dispuestos a normalizar estas madrugadas de persecución.
El caso más reciente ocurrió la madrugada del 23 de noviembre, cuando la patrulla 245 de Monclova fue impactada de costado por una Jeep Limited blanca sobre el bulevar Harold R. Pape. En lugar de detenerse, el conductor aceleró e intentó huir hacia la colonia Primero de Mayo, lo que obligó a desplegar un operativo en varias calles hasta cerrar el paso a la camioneta a la altura de la calle Yucatán. Los cuatro ocupantes, que según el parte presentaban aparente estado de ebriedad, fueron asegurados antes de refugiarse en un domicilio y puestos a disposición de la autoridad, mientras la unidad oficial quedaba con daños materiales.
Horas y días antes, otra movilización había sacudido a la colonia Burócratas: durante un operativo por presunto robo, un hombre tomó a su bebé de tres meses y, en medio de la huida, lo dejó en un lote baldío cercano a un arroyo. El menor pasó más de tres horas en el terreno hasta que fue localizado por policías municipales tras la alerta de la abuela y quedó bajo resguardo de la Procuraduría para Niños, Niñas y la Familia (Pronnif), que más tarde confirmó que incluso carecía de registro de nacimiento.
Aunque los dos episodios tienen orígenes distintos —uno ligado a un presunto ilícito, otro a una falta administrativa de tránsito—, comparten un patrón: conductores en fuga, riesgo para terceros y colonias que se convierten en escenario involuntario de persecuciones.
El contexto estatal no ayuda a bajar la guardia. Datos recientes señalan que entre 40 y 60 % de los accidentes viales están relacionados con el consumo de alcohol, según especialistas consultados en Coahuila.
A nivel estatal, en 2023 se registraron 10,876 accidentes de tránsito en zonas urbanas y suburbanas, con 3,776 personas heridas y 108 fallecidas.
Sólo en Saltillo, en 2024 se reportaron 62 percances donde al menos un conductor había consumido bebidas alcohólicas, una cifra similar a la del año previo.
Ante este escenario, el Congreso local ya llamó a los 38 municipios a intensificar los operativos de tránsito y las acciones de seguridad vial por el aumento de siniestros relacionados con alcohol.
Monclova, por su parte, anunció la reactivación de filtros antialcohol con operativos estratégicos entre jueves y sábado, dos puntos simultáneos y multas de alrededor de 8 mil pesos para quienes alcancen tercer grado de alcohol, enfatizando que el objetivo es preventivo y no recaudatorio.
A nivel nacional, organizaciones civiles recuerdan que cada día ocurren en México 47 siniestros de tránsito en carreteras vinculados al consumo de alcohol, con cientos de personas fallecidas al año, y que la combinación de volante y bebidas sigue siendo uno de los factores más letales, especialmente para jóvenes.
La política de seguridad vial de la 4T ha insistido en la necesidad de controles más estrictos, campañas de concientización y alineación con estándares internacionales, pero la efectividad se juega en el terreno municipal: en cómo se aplican los filtros, qué sanciones reales se imponen, cuánta información llega al ciudadano y si la gente percibe que conducir ebrio no es una travesura de fin de semana, sino una decisión que puede terminar en tragedia para personas inocentes.
Si Monclova y la Región Centro quieren dejar de leer su nombre en titulares de persecuciones nocturnas, la ruta ya no puede ser sólo “más operativos”: se necesita una agenda colaborativa de seguridad vial entre municipio, estado y federación que incluya estadísticas públicas mensuales sobre accidentes ligados al alcohol, resultados de filtros antialcohol (pruebas aplicadas, positivos, sanciones), colonias con mayor incidencia y seguimiento a los casos que pasan de falta administrativa a delito. Un tablero abierto, acompañado por campañas en escuelas, empresas y centros de consumo, permitiría medir si los filtros realmente salvan vidas y alinearía a Monclova con los esfuerzos federales de prevención, dando contenido concreto a la idea de que el bienestar también se construye en cada trayecto seguro de regreso a casa.
Las madrugadas de sirenas, patrullas y vehículos en fuga pueden parecer escenas aisladas, pero juntas dibujan el mapa de una cultura que aún tolera demasiado la mezcla de volante y alcohol. El bebé dejado en un baldío y la patrulla impactada en Harold R. Pape son dos caras del mismo problema: decisiones individuales que se vuelven riesgo colectivo. Coahuila tiene datos, diagnósticos y llamados a reforzar operativos; lo que falta es que, desde cada municipio, se conviertan en compromisos medibles con la ciudadanía para que la próxima persecución no termine en una nota de tragedia, sino en un caso que nunca ocurrió porque alguien decidió no manejar ebrio.














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