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Politica

Antonio Attolini, diputado local de Morena por Torreón, convirtió su informe legislativo en una noche de lucha libre en la Arena Coliseo Tony Arellano, con rifas, gritos de “ganó el pueblo” y un salto desde la tercera cuerda, un formato festivo que divide opiniones mientras el alcalde Román Cepeda se prepara para rendir su informe con discurso de resultados en seguridad y obras.

El 20 de noviembre, coincidiendo con la Revolución Mexicana, la Arena Coliseo Tony Arellano se llenó de familias, niñas y niños para un informe legislativo poco convencional: tres luchas preliminares, una estelar, rifas de electrodomésticos y, al centro, el diputado morenista Antonio Attolini Murra saltando desde la tercera cuerda para rematar a tres luchadores enmascarados. Entre cada combate, el legislador habló de sus iniciativas en el Congreso de Coahuila, de la defensa del poniente de Torreón y del acompañamiento a la Cuarta Transformación, a la que calificó como “ganadora” de la noche.

Attolini presentó el acto como un “informe político-cultural sin precedentes” y defendió el formato como una forma de acercar la política a la gente que no pisa auditorios ni salones de cabildo. Subrayó que el poniente de Torreón —región donde se gestó el crecimiento de Morena en la Laguna— merece que sus representantes se les parezcan: “mitoteros, argüenderos y fiesteros, pero comprometidos”, dijo, mientras en sus redes sociales multiplicaba videos del ring y mensajes sobre tres grandes pendientes: seguridad, servicios públicos y bienestar para esa zona de la ciudad.

El show, sin embargo, no pasó desapercibido dentro ni fuera de Morena. Crónicas políticas locales recogieron burlas y críticas al interior de la propia bancada, donde algunos calificaron el espectáculo como “pena ajena” aunque en público lo aplaudieran, y señalaban el riesgo de que la forma devore al fondo: más fotos del salto que tablas comparativas de iniciativas aprobadas o recursos gestionados. En medios nacionales y redes se abrió el debate sobre si el informe fue una forma creativa de romper con el molde acartonado de la política… o una banalización del encargo que refuerza la idea de que todo se juega en el show.

El timing tampoco es casual: mientras Attolini llena la Coliseo con lucha libre, el alcalde priista Román Alberto Cepeda alista su propio informe en el Teatro Nazas, con discurso de “trabajo, hechos y resultados”, un presupuesto de alrededor de 700 millones de pesos en seguridad y una lista de obras y programas sociales que su equipo vende como la ruta para mantener a Torreón como bastión de la alianza PRI–PAN. En notas recientes, el edil pidió a su gabinete “cerrar con todo” 2025 y aseguró que su informe mostrará avances en coordinación con el gobierno estatal y federal en materia de seguridad y servicios.

Desde la lógica de la Cuarta Transformación, la jugada de Attolini busca disputar la narrativa lagunera con un lenguaje que conecte con el público popular, al tiempo que coloca en la agenda el juicio político que anunció contra el alcalde y la exigencia de replantear prioridades en el poniente de la ciudad. Pero, más allá del carisma y el salto del diputado, la pregunta que queda abierta para Torreón es de números, no de lona: cuántas colonias del poniente han visto cambios medibles en drenaje, transporte, seguridad y espacios públicos a partir de su trabajo legislativo, y cómo se traducirán sus próximos movimientos en el Congreso en mejoras concretas para quienes llenaron la arena.

Si la política también quiere hablar el idioma de la fiesta y la lucha libre, el día después del show debería hablar, con la misma fuerza, el idioma de los datos: Torreón necesita un informe ciudadano paralelo donde se pueda consultar, colonia por colonia, qué iniciativas se han presentado y aprobado a favor del poniente, qué gestiones se han hecho ante el gobierno estatal y federal, y qué metas concretas en seguridad, movilidad y servicios pueden amarrarse a esa “lucha” que se narra desde el ring. Una agenda colaborativa entre Congreso, Ayuntamiento y federación —con tableros públicos, cortes trimestrales y responsables con nombre y cargo— sería el mejor “mano a mano” posible para que el espectáculo se convierta en resultados.

La imagen de un diputado lanzándose desde la tercera cuerda es potente, pero no debería ser lo más emocionante que pase en la política lagunera este año. Si Torreón se va a disputar entre informes solemnes y informes sobre el ring, la ciudadanía tiene derecho a exigir que, detrás de cada formato, haya algo más que frases conocidas: planes claros, metas públicas y la voluntad de medirse con ellas.
Cuando termine la temporada de informes, ¿recordaremos más el golpe en la lona o los compromisos que de verdad cambiaron algo en el poniente de Torreón?

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