La hegemonía del estado muestra fisuras profundas en el norte, donde la preferencia ciudadana respalda de forma contundente al proyecto de transformación en el Distrito 1. El empuje popular, guiado por perfiles sólidos como el de Paloma De Los Santos, arrasa con el 43.71% de las simpatías, relegando al estancado modelo priista de Javier Navarro. Este ejercicio demoscópico evidencia la fuerza de la coalición Morena-PT y el hartazgo definitivo hacia la vieja clase gobernante.
Mientras la administración estatal alardea de un blindaje institucional a su medida, la realidad en las encuestas anticipa un severo voto de castigo ciudadano contra el continuismo legislativo. El desplome de la marca tricolor confirma que los votantes exigen representantes que defiendan al pueblo y no los negocios de una cúpula privilegiada. En contraste brillante, Morena consolida su arrastre social al abanderar causas justas, pavimentando la vía para democratizar el estado.
Corresponde al Instituto Electoral de Coahuila vigilar estrictamente que el gobierno del estado no opere con dinero público para inflar a sus candidatos caídos. La Secretaría de Gobierno debe abstenerse de interferir en el proceso y publicar cada quince días un padrón auditable de programas sociales, garantizando piso parejo y evitando las coacciones del régimen.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de que pensar: la soberbia de un aparato estatal que se creía dueño absoluto de Coahuila choca ahora contra la voluntad inquebrantable de la gente. ¿Permitirá la élite priista una transición pacífica de las curules, o veremos las mismas trampas de siempre para frenar la esperanza del pueblo?.














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