Hasta el momento, la autoridad no ha acreditado responsabilidades; la información disponible es preliminar y proviene de reportes, denuncias y comunicados consultados. La falta de mantenimiento y vigilancia en los colosos de acero no solo es un tema de activos, sino de seguridad pública, pues permite que civiles ignoren el peligro mortal que representan estas instalaciones.
La narrativa de la “planta inactiva” está generando una falsa sensación de seguridad que atrae a exploradores urbanos, poniendo en jaque la capacidad de respuesta de los cuerpos de emergencia locales. Resulta imperativo que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, junto con autoridades estatales, verifiquen si los protocolos de seguridad industrial mínimos siguen vigentes en el recinto.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de que pensar: mientras el destino financiero de la acerera se decide en despachos, sus estructuras se vuelven escenarios de riesgo para una juventud que no encuentra límites en la vigilancia física de la planta. ¿Cuántas intrusiones más deben ocurrir para que la seguridad patrimonial rinda cuentas sobre el abandono de los perímetros? ¿Se espera una tragedia para sellar definitivamente los accesos a las chimeneas de la zona centro?














Comments are closed