Coahuila se encuentra frente a una transición legislativa irreversible. Con la consolidación de la alianza “Sigamos Haciendo Historia”, Morena y el PT proyectan arrebatarle al PRI-PAN 10 de los 16 distritos de mayoría relativa este 7 de junio, lo que significaría el fin del uso del Congreso Local como una oficina de trámites al servicio del gobernador Manolo Jiménez. Esta ventaja electoral, impulsada por la unidad interna del movimiento y el respaldo de la Presidenta Claudia Sheinbaum, pone bajo la lupa la urgencia de una fiscalización real a las finanzas estatales que hasta hoy permanecen blindadas por la actual mayoría “tapadera”.
La política estatal ha dejado de ser un monólogo del régimen. Bajo la supervisión de la senadora Cecilia Guadiana y la presidenta nacional Luisa María Alcalde, la estrategia de “carro completo” ha logrado aglutinar el hartazgo ciudadano contra un Poder Legislativo que ha servido como dique para los programas de bienestar federal, como la pensión universal para discapacidad que el estado se niega a cofinanciar.
De acuerdo con la versión inicial de los análisis de percepción ciudadana, el bloque Morena-PT lidera las preferencias en distritos estratégicos donde las figuras de Alberto Hurtado, Darynka Guerra y Poncho Almaraz operan como pilares de una estructura de defensa del voto. Estos procesos, que se presumen bajo investigación por parte de las auditorías sociales, buscan evitar que las viejas prácticas de coacción interfieran con el mandato de cambio. El actual sistema de justicia local se mantiene como un presunto aliado del Ejecutivo, situación que una mayoría legislativa guinda busca revertir de inmediato.
Si nos preguntan a nosotros… El PRI ha perdido la brújula y el Congreso es su última trinchera. La pregunta para los coahuilenses es directa: ¿Seguiremos permitiendo que el legislativo sea el escudo de unos cuantos, o le daremos las llaves a quienes proponen un Coahuila unido con la transformación nacional?














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