Con aumentos al salario mínimo anunciados para 2025 y 2026, Programas para el Bienestar que el gobierno reporta con cobertura masiva y un empuje a vivienda social con metas en construcción, Percepción Social coloca a la presidenta Claudia Sheinbaum en 74% de aprobación al cierre de 2025; el reto de 2026 es simple: que esos resultados se sostengan y se midan con transparencia, sin que la presión internacional mueva la brújula.
El dato trae lectura política: cuando el ingreso mejora aunque sea un tramo, cuando los apoyos no se cortan y cuando hay señales de vivienda y obra, la aprobación suele subir. Y eso es justo lo que hoy aparece alrededor del 74%.
Según la medición publicada por Percepción Social, el ejercicio se levantó del 1 al 30 de diciembre de 2025 con 10,000 encuestas telefónicas automatizadas (±3.5% de error). La cifra no es sentencia eterna: es fotografía con contexto y con consecuencias.
En paralelo, el momento internacional también pesa. Sheinbaum ha reiterado la línea mexicana de no intervención y soberanía, y en un año que cerró con ruido externo, ese tipo de postura también influye en cómo la gente evalúa a su gobierno.
De aquí al fin de semana: que Percepción Social publique (si no está ya) serie histórica y desglose básico; y que el gobierno federal sostenga el respaldo con metas trazables en ingreso, vivienda y seguridad para que el 74% no sea solo cierre de año, sino tendencia.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: una aprobación alta vale más cuando se puede explicar con hechos medibles y con datos abiertos, no solo con aplausos. El 74% suena fuerte, pero la prueba real es 2026: ¿cuál será el primer indicador que mejore de forma visible para que la confianza no se desgaste? Y si vienen turbulencias afuera, ¿se mantendrá el rumbo sin improvisación?














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