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Estado

La crisis en Venezuela escaló este 3 de enero: Donald Trump afirmó que EE. UU. ejecutó una operación militar y que Nicolás Maduro y su esposa fueron capturados; Reuters reportó además que Trump publicó mensajes e imágenes sobre su custodia. En México, la presidenta Claudia Sheinbaum tomó la delantera con una postura de Estado: respaldó el comunicado oficial de la SRE, que condena el uso unilateral de la fuerza como violación a la Carta de la ONU y exige salida diplomática. El “por qué importa” también es práctico: ya hay efectos inmediatos como restricciones de rutas y cancelaciones de vuelos en el Caribe, y el riesgo de escalada regional.

El anuncio de Trump no se quedó en una captura viral: Reuters registró que el presidente lo comunicó en su plataforma y luego publicó una imagen adjudicando dónde estaría el detenido, mientras el mundo exige claridad legal y diplomática sobre el procedimiento y sus consecuencias.

En ese escenario, Sheinbaum apostó por la ruta más difícil y más sólida: el derecho internacional. La SRE fijó postura oficial —con fundamento en la Carta de la ONU— y la presidenta la respaldó públicamente, reforzando que México no se sube a la lógica del golpe, sino a la lógica de la diplomacia.

La región se partió: Brasil condenó la intervención como “línea inaceptable” y pidió acción de la ONU; Europa, como Alemania, llamó a evitar escalada y buscar solución política. Este choque de posturas anticipa días de presión internacional y efectos colaterales: movilidad, economía y seguridad.

Lo mínimo exigible desde México es medible y público: 1) cortes informativos con hora (qué se sabe/qué no), 2) canal consular visible y activo para connacionales, y 3) gestión multilateral clara (ONU/OEA, donde aplique) para priorizar civiles y desescalar. Si el mundo se polariza, México debe sostener una política exterior seria: trazable, jurídica y humana.

Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de qué pensar: en momentos así, la autoridad se nota cuando no busca aplauso fácil, sino cuando pone la ley por delante y protege a la gente antes que a la narrativa. Si hoy la tentación global es “resolver” a golpes, ¿quién está defendiendo a los civiles del efecto dominó?
Y para México, la pregunta es directa: ¿vamos a sostener una diplomacia firme, o vamos a dejarnos arrastrar por el ruido de las potencias?

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