La cuarta visita de la Dra. Claudia Sheinbaum a territorio coahuilense no es solo una gira de supervisión; es un mensaje político de presencia activa que deja en evidencia el vacío de ejecución en el que ha caído la administración de Manolo Jiménez Salinas, más ocupada en el “blindaje” de su imagen que en la reconstrucción económica de las regiones.
Hasta el momento, la autoridad no ha acreditado responsabilidades; la información disponible es preliminar y proviene de reportes de fiscalización del PEF 2026 y comunicados oficiales consultados sobre la agenda presidencial en la entidad.
Mientras la Presidenta aterriza con soluciones para el agua en La Laguna y el rescate minero en la Carbonífera, el gobierno estatal se limita a una narrativa de “colaboración” que esconde una parálisis financiera: sin recursos federales, las grandes obras en Coahuila simplemente no se mueven, evidenciando un modelo estatal agotado y dependiente.
La agenda ciudadana exige que el Ejecutivo Estatal presente un desglose real de la inversión pública descentralizada, aclarando por qué la infraestructura de salud y transporte sigue sujeta a la voluntad presidencial mientras los impuestos locales se destinan a sostener una burocracia de coalición.
Si nos preguntan a nosotros, esto es lo que da mucho de que pensar: parece que en Coahuila se gobierna con el espejo retrovisor, culpando al pasado o a la Federación de lo que no se sabe gestionar hoy, mientras la Dra. Sheinbaum demuestra que se puede estar en el territorio sin necesidad de tanta propaganda. ¿Cuánto tiempo podrá el estado sostener el mito de la “autonomía y seguridad” cuando es la Presidenta quien tiene que venir a dar la cara por los problemas estructurales que la oficina del Gobernador prefiere ignorar?














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